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viernes, 30 de octubre de 2015

La noche del miedo.... #Halloween





Nos reuníamos cuando empezaba a anochecer. Sin saberlo, estábamos teniendo una noche de Halloween, pero nosotros lo llamábamos “Noche de miedo”. La víspera de todos los santos podíamos acostarnos más tarde porque al día siguiente no había clases. Comenzábamos a planearla mucho tiempo antes; queríamos que nuestro cuento fuera el más terrorífico de todos y entonces, los primos y los amigos más cercanos del barrio nos reuníamos en la casa de la abuela, preparados ya para temblar de miedo y encogernos un poco más con cada historia. Se podía sentir en la habitación como volaban las brujas,  el sonido escalofriante de monstruos y el lamento de los fantasmas. El hombre sin cabeza se paseaba entre nosotros y Drácula nos soplaba en el cuello. La abuela, siempre cómplice, nos preparaba para ese día unos ricos huesitos de santo y buñuelos con chocolate caliente. Era ella la que iniciaba la noche contándonos una historia y sabiendo que ya quedamos asustados, se marchaba dejándonos solos. Era una noche de vigilia, porque luego el sueño se negaba a aparecer.  

jueves, 29 de octubre de 2015

La bruja de Nerudova






El otoño comenzaba a sentirlo en la piel mientras bajaba la pendiente del castillo hacia Nerudova.  Hacía días que había decidido tomar ese camino para llegar a Mala Strana en vez de atravesar el Callejón del Oro, contraviniendo los consejos de su madre, pero es que el callejón le parecía demasiado sombrío a esa hora de la madrugada. No es que hubiese más movimiento a esa hora por el barrio, pero al menos, las fachadas de los palacios eran bonitas y armoniosas y eso hacía la caminata más llevadera. Lo llamaban el Camino Real y él lo recorría a diario, “pero en vez de corona, llevaba un cesto con pasteles”, pensó y sonrío.  A pesar de verlos a diario, le llamaban la atención los símbolos con los que se identificaban las casas: el león, los violines, los cisnes… 
-  ¡Joven! ¿te quedan pasteles de crema?
Oyó la voz de una mujer que le pareció que venía de la casa de los soles.  Se detuvo en seco y giró la cara hacia la casa, pero no vio a nadie.  Cuando iba a reanudar el paso volvió a oír la misma voz con la misma pregunta y de nuevo buscó hacia el mismo lugar. Nada.  Pensó que tal vez era alguna criada levantada a esa hora para sus labores que tenía ganas de bromas, por lo que no hizo mucho caso y continuó su camino.  A los pocos pasos se encontró de frente, sentada en un pequeño muro, a una mujer cubierta con una capa roja, cuya capucha no dejaba ver con claridad su rostro y en la mano una mugrienta bolsa de tela.  Se sobresaltó y no atinó a decir nada.  La mujer, con una voz más suave y un tono muy bajo le volvió a preguntar:

domingo, 25 de octubre de 2015

La lucha






Una vez existió un latido, un tic-tac que se vio roto durante su desgastada vida. Un corazón inamovible, congelado durante periodos infinitos, bañado por la oscuridad, el frío y la cruda soledad. Hasta que un día,  escuchó un pequeño golpe, un tic que asumió era irreal, inventado,  ficticio. Una pequeña brisa que rozó su pecho, haciéndole sentir inseguro. Escucho otro golpe, un tac que le recorrió el cuerpo, invadiendo cada espacio de miedo. Creó otro mundo paralelo, donde el latido no supusiera un peso. No existía dolor, porque no dejaba que hablará su esperanza. Tampoco había cabida para el amor, pues no creía en él. La luz le bañaba poco a poco, alcanzando todo su espacio. El tic-tac luchaba por hacerse oír, por recordar que aún existía. El corazón luchaba para devolverle a la vida, la cabeza se llenaba de teorías elementales, vacías,  pero que le hacían retomar el control.

El miedo reía, caminaba a sus anchas apagando la luz y su sonido, día tras día; dando por ganada su batalla, jugaba con ese sentimiento porque se sentía fuerte, ganador. Mientras su pecho yacía hundido, sin revelarse. Apenas pensaba que era lo que estaba sucediendo. Y pasó… Una mañana tras abrir los ojos, un fuerte golpe se adueñó de su alma… Había vuelto, recuperando su luz inmensa,  valoraba su miedo pero seguía latiendo. Se oía por encima de las nubes, y atemorizado decidió dejarle fluir… Saber dónde llegaría de nuevo, y llegó al lugar más bonito que jamás habría imaginado. Se reunió con su otra alma, que también latía por encima de lo inexplicable.

Una vez, existió un latido… Que luchó por su destino.
Autor: Luz de Luna (@Luzdeluna111_)

 "Oí el estruendo de unos latidos en la oscuridad, Era mi propio corazón. 
Me envolvían, me engullían mis propios latidos" 
Haruki Murakami




Más de Luz de luna en su blog La vida en un instante  

jueves, 22 de octubre de 2015

Postdata





PD:   Se me olvidaba decirte que puede parecer pregunta
lo que es tan solo un suspiro.
Aunque hay hilvanadas letras que esperan tener respuesta,
que tiendan por fin el puente que derrumbe los abismos.
¡Quedan tantas palabras que son interrogación!
Momentos de afirmación para descubrirnos juntos.

¿Recuerdas aquel café que nunca pudimos tomar?
Pretexto para mirarnos largamente sin hablar.
Sin importarnos si el cielo era de lluvia o de sol,
sin mantel, ni servilleta,
nuestros dedos jugando a encontrarnos sobre la mesa
para que la piel guardara trocitos de nuestro olor.
Murmurarnos al oído deseos mientras crecían las ansias,
temblar al oír mi nombre acariciado por tu voz.

Ahora es todo tan lejano…
Solo parece un cliché de película en blanco y negro
a pesar que lo soñamos rebosante de color.
Sin embargo, sigues siendo la constante sensación
de ser la gota de magia que logra calmar mi sed,
la mirada entre las sombras,
la palabra interrogante y la respuesta por tener.










martes, 20 de octubre de 2015

Duda Revolucionaria #microrelato



Nunca había visto nevar desde que nació en Haití; su vida había trascurrido envuelta en paralelos cercanos al ecuador. Ahora, veía la risa juvenil del cielo, y se sorprendía que todos los habitantes de la ciudad, que llevaban vidas sin ver esa nieve, se olvidasen de todo. No lo entendía.
Tal vez llevaba mucho tiempo encerrado en sus proyectos revolucionarios, ¿Por qué se sentía tan extraño a toda esa gente risueña? ¿Por qué dejan de ver que hay que esforzarse al final del camino?

El viento traía más nieve. El frío y agua helada, hacían dudar a su sangre cálida, a sus intentos de cambiar el mundo, pagando los precios que fuesen necesarios, cambiarlo a lo ancho y profundo sin miramientos. Seguía cayendo la nieve a lo largo de la calle donde vivía, y de otras calles más allá de su vista, podía estar cayendo a lo largo del ancho y profundo mundo y él no saberlo.




"El desvanecimiento de los ideales es triste prueba de la derrota del esfuerzo humano"


Alfred North Whitehead



 Más de Conrad Quevedo en su blog www.elhpc.blogspot.com.es 

martes, 6 de octubre de 2015

Sueños...



Pablo no oyó cerrarse la puerta. Solo el sonido del silencio que lo invadió en un segundo, para hacerlo sentir diminuto, minúsculo, insignificante…
No estaba preparado para aquel momento, ni nadie lo hubiera estado. Porque cuando se da todo no se espera el vacío por respuesta. Y ahora solo sentía aquel erial de emociones que lo habían borrado de la faz de la tierra.
Aquellos minutos no los olvidaría nunca. Marcados a fuego de palabras que retumbaban en su interior como un cincel homicida. Barriendo la alegría y la ilusión acumulada en un corazón que ahora solo era desierto.
Para dejar de ser consciente del tiempo. De las horas. De los días.
Dejar de ser. De estar. De vivir. 
Porque cuando el dolor es tan profundo, la vida no sigue, solo pasan los días; pero sin darnos cuenta, como si todo se hubiera detenido para nosotros y la existencia siguiera en un mundo ajeno, fuera de uno mismo.
Cerrar una historia...
Cerrar una historia…
̶ ¿Quién puede cerrar una historia de un portazo, sin más? ̶ se preguntaba una y otra vez en su cabeza sin encontrar respuestas.
Como era posible que tanto amor no mereciera otro fin o al menos una oportunidad para renacer; cuando ni siquiera era consciente de que languideciera. Y no aquel frío. Aquella soledad yerma que no tenía sentido.
Porque el amor era para valientes, pensaba. Y cuando se ha construido con tanto cariño, dándolo todo, no merecía aquel final ni aquel silencio aunque la tristeza fuera compartida. No cabían excusas, ni disculpas. Porque lo que se había tejido despacio no se podía deshilar en un minuto. Y sobretodo porque la quería con todo el corazón.