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miércoles, 17 de agosto de 2016

El último delirio



Qué iba a ser de él. Era la pregunta que una y otra vez le martillaba las sienes. Miraba alrededor y en el semblante del maestro, por momentos, creía adivinar la respuesta. Miedo, no sabía qué sucedería, pero todos tenían miedo. Los banderilleros hacía ya un rato que habían dejado de hablar entre ellos. El silencio era lo único que se podía oír en aquel cuartucho. Sus pensamientos empezaron a confundirse y sus ojos a cerrarse. 


Dormido sentía como su cara latía empapada en sudor... 


Dentro del mismo sueño, Federico sabía que era un sueño, pero las podía ver, sentir. Sus semblantes no eran de reproche, sino de un adiós. 

Unas voces le despertaron de aquel delirio, de aquella ensoñación. Despertó y no quería, a ella las conocía, porque las lloró cuando de su negra tinta brotó cada nombre, cada día. Sabía que era su hora, que ya no volvería, miró hacía el ventanuco y tembló, se aproximaba el alba.

       Autor: Nerea Acosta: @lenenaza 


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