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jueves, 29 de octubre de 2015

La bruja de Nerudova






El otoño comenzaba a sentirlo en la piel mientras bajaba la pendiente del castillo hacia Nerudova.  Hacía días que había decidido tomar ese camino para llegar a Mala Strana en vez de atravesar el Callejón del Oro, contraviniendo los consejos de su madre, pero es que el callejón le parecía demasiado sombrío a esa hora de la madrugada. No es que hubiese más movimiento a esa hora por el barrio, pero al menos, las fachadas de los palacios eran bonitas y armoniosas y eso hacía la caminata más llevadera. Lo llamaban el Camino Real y él lo recorría a diario, “pero en vez de corona, llevaba un cesto con pasteles”, pensó y sonrío.  A pesar de verlos a diario, le llamaban la atención los símbolos con los que se identificaban las casas: el león, los violines, los cisnes… 
-  ¡Joven! ¿te quedan pasteles de crema?
Oyó la voz de una mujer que le pareció que venía de la casa de los soles.  Se detuvo en seco y giró la cara hacia la casa, pero no vio a nadie.  Cuando iba a reanudar el paso volvió a oír la misma voz con la misma pregunta y de nuevo buscó hacia el mismo lugar. Nada.  Pensó que tal vez era alguna criada levantada a esa hora para sus labores que tenía ganas de bromas, por lo que no hizo mucho caso y continuó su camino.  A los pocos pasos se encontró de frente, sentada en un pequeño muro, a una mujer cubierta con una capa roja, cuya capucha no dejaba ver con claridad su rostro y en la mano una mugrienta bolsa de tela.  Se sobresaltó y no atinó a decir nada.  La mujer, con una voz más suave y un tono muy bajo le volvió a preguntar:

domingo, 25 de octubre de 2015

La lucha






Una vez existió un latido, un tic-tac que se vio roto durante su desgastada vida. Un corazón inamovible, congelado durante periodos infinitos, bañado por la oscuridad, el frío y la cruda soledad. Hasta que un día,  escuchó un pequeño golpe, un tic que asumió era irreal, inventado,  ficticio. Una pequeña brisa que rozó su pecho, haciéndole sentir inseguro. Escucho otro golpe, un tac que le recorrió el cuerpo, invadiendo cada espacio de miedo. Creó otro mundo paralelo, donde el latido no supusiera un peso. No existía dolor, porque no dejaba que hablará su esperanza. Tampoco había cabida para el amor, pues no creía en él. La luz le bañaba poco a poco, alcanzando todo su espacio. El tic-tac luchaba por hacerse oír, por recordar que aún existía. El corazón luchaba para devolverle a la vida, la cabeza se llenaba de teorías elementales, vacías,  pero que le hacían retomar el control.

El miedo reía, caminaba a sus anchas apagando la luz y su sonido, día tras día; dando por ganada su batalla, jugaba con ese sentimiento porque se sentía fuerte, ganador. Mientras su pecho yacía hundido, sin revelarse. Apenas pensaba que era lo que estaba sucediendo. Y pasó… Una mañana tras abrir los ojos, un fuerte golpe se adueñó de su alma… Había vuelto, recuperando su luz inmensa,  valoraba su miedo pero seguía latiendo. Se oía por encima de las nubes, y atemorizado decidió dejarle fluir… Saber dónde llegaría de nuevo, y llegó al lugar más bonito que jamás habría imaginado. Se reunió con su otra alma, que también latía por encima de lo inexplicable.

Una vez, existió un latido… Que luchó por su destino.
Autor: Luz de Luna (@Luzdeluna111_)

 "Oí el estruendo de unos latidos en la oscuridad, Era mi propio corazón. 
Me envolvían, me engullían mis propios latidos" 
Haruki Murakami




Más de Luz de luna en su blog La vida en un instante  

jueves, 22 de octubre de 2015

Postdata





PD:   Se me olvidaba decirte que puede parecer pregunta
lo que es tan solo un suspiro.
Aunque hay hilvanadas letras que esperan tener respuesta,
que tiendan por fin el puente que derrumbe los abismos.
¡Quedan tantas palabras que son interrogación!
Momentos de afirmación para descubrirnos juntos.

¿Recuerdas aquel café que nunca pudimos tomar?
Pretexto para mirarnos largamente sin hablar.
Sin importarnos si el cielo era de lluvia o de sol,
sin mantel, ni servilleta,
nuestros dedos jugando a encontrarnos sobre la mesa
para que la piel guardara trocitos de nuestro olor.
Murmurarnos al oído deseos mientras crecían las ansias,
temblar al oír mi nombre acariciado por tu voz.

Ahora es todo tan lejano…
Solo parece un cliché de película en blanco y negro
a pesar que lo soñamos rebosante de color.
Sin embargo, sigues siendo la constante sensación
de ser la gota de magia que logra calmar mi sed,
la mirada entre las sombras,
la palabra interrogante y la respuesta por tener.