En 1952 una jovencísima Audrey
Hepburn se encontraba en Roma filmando la película “Vacaciones en Roma” con el
actor Gregory Peck. Una tarde se acercó hasta el Atelier de las hermanas
Fontana, famosas en aquel momento por introducir la moda italiana a nivel
mundial. Su encargo fue un vestido de novia ya que empezaba a organizar su boda
con el industrial británico James Hanson. Quería un vestido único, exclusivo y
de corte romántico. Zóe, Micol y Giovanna, se dedicaron personalmente de aquel
encargo. Con frecuencia, durante los descansos del rodaje, la actriz se
escapaba para las pruebas y estaba encantada con el diseño del vestido. Pasadas unas semanas y ya con el vestido
terminado, la pareja dio por terminado su compromiso y suspendió la boda.
Audrey les pidió a las famosas modistas que buscaran a una bonita joven
italiana que estuviera a punto de casarse y cuyos recursos no le permitieran
tener un traje de novia y se lo regalaran. Amabile Altobella fue la afortunada
en lucir el primer traje de novia, aunque secreto de Audrey Hepburn…
Hubo una época en la que la
radio, era el único contacto directo con el mundo del que podían presumir los
pueblos más apartados de las grandes ciudades. La información y la música, o
los folletines a los que se hacían asiduos tanto hombres, como mujeres, era una
forma de reunirse en torno a un aparato que les invitada a soñar y desear todo
lo que aquellas voces transmitían.
En el cine, en los libros, en las series, los vampiros casi
siempre son representados como seres atractivos, sensuales, misteriosos,
fascinantes, atormentados que buscan su propia redención a través del amor. En
la película de Francis Ford Coppola "Drácula", basada en la novela Bram
Stoker, se nos muestra un Conde Dracul,
exquisitamente interpretado por Gary Oldman, con todos los tópicos del ideal
romántico del siglo XIX. Se nos muestra como un ser sensual, cautivador, lánguido, espectral, melancólico, un enamorado perpetuo que hará todo lo que
sea por reencontrase con su amor.
Otro ejemplo lo podemos encontrar en la película "Entrevista
con el Vampiro", basada en las Crónicas
Vampíricas de Anne Rice, donde los vampiros son héroes
románticos eternamente atormentados en su constante búsqueda por ser amados. Pero no
olvidemos que estos seres fascinantes tienen su lado oscuro, son depredadores que necesitan la sangre de
sus víctimas, la voluntad de las cuales es doblegada hasta convertirlas en sus
siervos.
Cuanta razón tenía Mae West cuando dijo "las chicas buenas van al cielo, las malas a todas partes” porque las chicas malas gustan mucho, muchísimo más. Las películas romanticonas excesivamente edulcoradas siempre nos venden que el chico se lo lleva la chica rubia virginal con sonrisa bobalicona cuyo sentido del humor y personalidad no llegan ni a la categoría de acelga hervida. Pero en la vida real son ellas, las malas las que se llevan a los hombres de calle, y cuando digo hombres, me refiero a los hombres de verdad no a los sucedáneos que nos muestran dichas pelis que no son más que meros “flojos” que no buscan una mujer sino una segunda madre de los cuide y los salve de todos los males.
A las chicas malas siempre se las representa más sensuales, más provocativas, más elegantes, más sofisticadas ¿De verdad alguien puede preferir a una Doris Day o una Julia Andrews que a una Rita Hayworth, Ava Garner o Lauren Bacall? Vamos que si te dan a elegir entre Gilda o la protagonista de Sonrisas y Lágrimas, es que no hay color.
Ellas siempre son más divertidas, más irónicas, más sarcásticas, más inteligentes, más listas, más pícaras, más de todo, y siempre una mala será más recordada ¿Alguien recuerda a la chica buena de Falcon Crest o Dinastia? Porque yo solo recuerdo a Angela Channing o aquella maravillosa Joan Collins en el papel de Alexis Carrington.
Visto lo visto, prefiero ser una chica mala porque son más deslenguadas, más irónicas, más ácidas, más sarcásticas, más maliciosas, más envidiosas, más peleonas y hasta malvadas entre ellas mismas. Pero a su vez también son más divertidas, más inteligentes, más alegres más todo y eso es preferible a una versión más azucarada, más correcta pero más sumamente aburrida de nosotras mismas.
Y como es preferible ser una chicha mala a una buena, y por ello espero verlos a todos ustedes en el infierno porque en el cielo... a mí que no me esperen.
Estos últimos días vemos los escaparates de muchas tiendas destilar amor al estar
adornados con infumables motivos amorosos en forma de corazón y mil y una
guirnaldas en color rojo y rosa. Todo ello orquestado para demostrar a nuestra
pareja, previo pago claro está, lo mucho
que la queremos, dando a entender que el amor que sentimos por alguien es
medido por el precio de su regalo; cuanto más caro es el regalo más amados nos
sentimos…
El amor que se nos intentan vender
en estas fechas es un amor pasteloso e infantil
como el que se nos muestra en muchas de las películas y series de tinte
romántico. Casi se nos obliga a enamorarnos de una persona pluscumperfecta, mal
llamada nuestra media naranja, que casi siempre suele ser el reflejo de aquello
que queremos ser. Es una persona tan ideal que roza lo irreal, vendiéndonos el
mensaje que si no la encuentras nunca serás feliz, que todas las relaciones que
inicies que no sean con esa persona están abocadas al fracaso ya que sólo ella
te hará feliz. Y si tienes la suerte de
encontrarla debes hacer lo imposible para mantenerla a tu lado, aunque algunas
de tus acciones supongan una humillación hacia tu persona. Por amor todo debe
ser perdonado, ya que el amor todo lo
redime, y nada importa, aunque la
persona idealizada sea un lastre para nosotros… pero da igual lo que uno se
arrastre por esa persona, incluso con la certeza que no nos ama ya que tal y
como nos enseñan las películas y los folletines románticos… quien la sigue la
consigue. Sólo debemos hacer memoria de
las absurdas situaciones planteadas por las películas y series románticas,
quien no recuerda las humillaciones a las cuales se somete voluntariamente Bridget
Jones para conseguir la atención de su jefe, o lo moderna que se nos presenta a Carrie Bradshaw, la protagonista
de la serie Sexo en Nueva York, cuando su máxima en la vida gira entorno a unos
zapatos caros de tacón y casarse con el
hombre al que ella considera como perfecto, sólo por su miedo atroz a quedarse
sola.
Y qué decir de los folletines románticos que están tan en boga entre el
público femenino, como la joven protagonista de la 50 sombras de Grey que es capaz de someterse a la voluntad sexual de un
hombre, tan sólo por conseguir su supuesto
príncipe azul que sólo la ama si se somete a su voluntad, vendiéndonos que si haces eso, a la larga, el será tuyo, que tu amor lo
redimirá de todo mal, pero mientras, haz
lo que él te ordena, sino te dejará. Si
uno se para a pensar en el mensaje
que nos venden este tipo de libros llega a la conclusión que no es muy
diferente al que plantea el libro “Cásate
y se sumisa” que tantas críticas ha desatado desde su publicación. Pero ¿Quién ese Valentín a quien honramos en esta fecha? Hay dos versiones sobre su leyenda. En la
primera se trata de un sacerdote romano que acompañaba a los cristianos apresados
durante las persecuciones contra los practicantes de esta fe y que habían sido condenados a martirio y
muerte.
La otra versión nos presenta a San Valentín como un sacerdote que contraviniendo la prohibición de
las autoridades romanas que los jóvenes soldados contrajeran matrimonio al considerar
que estos serían mejores combatientes sin tener ningún tipo de atadura
familiar, casaba en secreto a las jóvenes parejas por el rito
cristiano. Cuando fue descubierto, fue sometido a martirio y finalmente
ejecutado.
A pesar que a finales del S.V la Iglesia Católica recogió las leyendas
sobre San Valentín conmemorando su festividad del 14 de febrero, fecha en la
que data su muerte, desde un principio se puso en duda la veracidad de su
existencia. La idea de asociar el amor
romántico con la figura de este heroico y legendario santo fue forjándose durante
la Edad Media siendo la primera referencia a San Valentín como patrón de amor
en el siglo XIV, en el poema del
escritor británico Geoffrey Chaucer “El
parlamento de las aves”. Con el paso de los siglos su historia fue adornándose
con más y más elementos fabulosos que han llegado hasta nuestros días. La poca fiabilidad de su existencia hizo que
en 1969 la Iglesia Católica lo excluyera de su calendario, en un intento de
eliminar del santoral a aquellos santos de origen legendario y fabuloso. La tradición del Día de los enamorados se inició en el S. XIX en los países
de origen anglosajón donde las parejas comenzaron a intercambiarse postales con
mensajes amorosos el día 14 de febrero,
el día de la onomástica de San Valentín. La culpable de la existencia y
popularización de estas infumables tarjetas es Esther Howland una
artista y empresaria de EE.UU que a mediados del S. XIX comenzó a vender en
masa estas tarjetas. Poco después, a la costumbre de regalar este tipo de
postales se la añadiría la de regalar a la pareja otros regalos como rosas,
joyas o bombones.
Esta tradición anglosajona se fue extendiendo por el resto de países durante
el S. XX, jugando un papel muy
importante la publicidad y el comercio que globalizaron la figura de San
Valentín y todo el simbolismo que lo rodea como patrón de los enamorados y de
todos aquellos que pretendían estarlo institucionalizando el día 14 de febrero como
el día del amor comercial por antonomasia incentivando a todo aquel que está
enamorado en demostrar su amor al otro mediante la compra de un regalo. En España esta fiesta comenzó a celebrarse a
mediados del S. XX, con el único objetivo de incentivar la comprar de regalos,
las malas lenguas dicen que esta festividad fue introducida por la cadena de
grandes almacenes Galerías Preciados.
Viendo que todo lo que gira en torno al día de los enamorados únicamente
tiene un carácter consumista y comercial, mejor no demostrar nuestro amor al
ser querido con un regalo absurdo y de dudoso gusto en este día, mejor demostrárselo día a día con gestos,
palabras y acciones que demuestren lo que de verdad sentimos ya que no todo se
compra con dinero, un pequeño gesto en un día cualquiera demuestra más que un
gran regalo que por obligación consumista se ha comprado.
Terenci Moix, sobre Bette Davis,
decía que “su grandeza es hoy indiscutible. Su recuerdo, imborrable. Es la
grandísima Bette del cine. Una actriz como ninguna otra. Seguramente, la mejor
de todas.” Y es que su carrera está
avalada por numerosos récords: más de cuarenta años de carrera, dos Oscars y
diez candidaturas, además de una veintena de personajes memorables que recorren
todos los matices del alma femenina. Fue
despiadadamente avariciosa como Regina en “La loba”, orgullosa y manipuladora
en “Jezabel”, y una fría y calculadora asesina en “La carta”. Estas tres películas las realizó con el director William Wyler y pocas veces en el cine se ha llegado a
un punto de unión entre el genio interpretativo y la elegancia en una magnífica
realización, todo esto unido a que la actriz y el director tuvieron un romance, llegándolo a considerar ella como el amor de su vida, pero las desavenencias creativas entre
ambos hicieron romper el idilio.
Bette Davis fue en dos ocasiones
Isabel I de Inglaterra, papel que le venía bordado a una actriz que tenía
muchos puntos en común con la independencia de carácter de la Reina Virgen. Con la emperatriz Carlota de México volvió a incidir en el drama histórico, esta vez en un personaje de apoyo a la
trama más que de protagonista; pero aun así la carga dramática que incorpora es
magistral y redondea “Juárez”, una película llena de aciertos.
El Club de los poetas fue creado
con la intención de recuperar la palabra de todos los poetas que encierran
dentro de si el verso escondido que clama por ser recitado. La palabra ordenada
sin artificios, que necesita ser escrita y leída por todo el que ama las
letras. No negaremos que el film “El club de los poetas muertos”, dirigido por Peter Weir en 1989 , fue la inspiración para
el nombre de este blog, porque el mensaje que nos deja a todos, es precisamente
la importancia de la palabra libre como manifestación de todas las emociones.
Frases que forman parte de la historia del cine y que han dejado huella en todo
aquel que encuentra en la palabra, su
mejor forma de manifestación. Honor a quién con su imagen, dentro de un
contexto literario, marco toda una generación.
Y por ello hacemos nuestro pequeño homenaje al inolvidable profesor Keating, magistralmente interpretado por
Robin Williams...
¡Oh,
capitán!, ¡mi capitán!, nuestro terrible viaje ha terminado,
el
barco ha sobrevivido a todos los escollos,
hemos
ganado el premio que anhelábamos,
el
puerto está cerca, oigo las campanas, el pueblo entero regocijado,
mientras
sus ojos siguen firme la quilla, la audaz y soberbia nave.
Mas,
¡oh corazón!, ¡corazón!, ¡corazón!
¡oh
rojas gotas que caen,
allí
donde mi capitán yace, frío y muerto!
¡Oh,
capitán!, ¡mi capitán!, levántate y escucha las campanas,
levántate,
por ti se ha izado la bandera, por ti vibra el clarín,
para
ti ramilletes y guirnaldas con cintas,
para
ti multitudes en las playas,
por
ti clama la muchedumbre, a ti se vuelven los rostros ansiosos:
¡Ven,
capitán! ¡Querido padre!
¡Que
mi brazo pase por debajo de tu cabeza!
Debe
ser un sueño que yazcas sobre el puente,
derribado,
frío y muerto.
Mi
capitán no contesta, sus labios están pálidos y no se mueven,
mi
padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
la
nave, sana y salva, ha anclado, su viaje ha concluido,
de
vuelta de su espantoso viaje, la victoriosa nave entra en el puerto.
La novela de León Tosltoi, "Guerra y Paz" está considerada una de las mejores novelas de la literatura mundial, y por ello ha sido llevada a la gran pantalla sendas veces. La primera película que se hizo sobre la novela es una adaptación
rusa de 1915, dirigida por el actor y director ruso Vladimir Gardin. También existe una versión japonesa de 1947, pero quizás la más conocida es la película “Guerra
y Paz” de 1956, dirigida por King Vidor, director de "Duelo al Sol" que aceptó el reto por la admiración que tenía por la obra original. El trio protagonista lo forman tres estrellas de Hollywood, Audrey Hepbrun que interpreta a Natasha Rostova, Henry Fonda como Pierre Bezuchovy y Mel Ferrer que se pone en la piel de Andrei Bolkonski. El resto de repertorio lo componen grandes actores como John Mills,
Vittorio Gassman, Anita Ekberg, Herbert Lom, y Fernando Aguirre. La adaptación
que hizo Hollywood de “Guerra y Paz” poco tiene que ver con la novela de
Tolstoi, al tratarla como una película bélica con tintes de folletín romántico, sin plasmar la radiografía que la novela hace de la sociedad rusa. Para el rodaje de las escenas bélicas se utilizaron miles de extras, muchos de ellos soldados del ejército italiano y fue necesario la contratación de 65 médicos para atender a los posibles lesionados. Durante el rodaje los médicos vagaban por el ficticio campo de batalla disfrazados de soldados para atender a todos que pudieran resultar heridos. Por su actuación en la película, Audrey Hepbrun cobró 350.000 dólares, el sueldo más alto hasta entonces pagado a una actriz, cantidad que hoy nos puede parecer irrisoria por las extratosféricas cantidades pagadas en la actualidad. Al papel protagonista optaron Gregory Peck, Peter Ustinov y Marlon Brando. Éste último rechazó la oferta al negarse a trabajar con Audrey Hebrun, Ustinov era el actor que quería el director, y Peck la petición personal de Hepbrun, pero al final los productores impusieron a Henry Fonda para interpretar el papel de Pierre Bezuchov. A pesar de ser
una de la películas más caras de su época, la gran interpretación de Audrey
Hepburn, y lo exquisito de su vestuario, diseño y
ambientación,la película no tuvo el éxito esperado, exceptuando los países de influencia soviética, donde tuvo una arrolladora acogida. La película tuvo tres nominaciones a los Oscar, al mejor director, a la mejor fotografía y al mejor vestuario.
Guerra mundial Z, la z viene de zombi para quien no lo sepa,
es una película que lo único que tiene del género zombi es el nombre. Y es que
esta película no la van a disfrutar nunca por nunca los grandes amantes del
género, los que se deleitan con la sangre, se emocionan cuando abundan las
vísceras y reina la casquería. Para los
que gustan del gore, esta cinta es como ponerle una 0’0 a un amante de la
cerveza, o un sandwich de rúcula y tofu a uno que se desayuna habitualmente un
bocadillo de panceta con un carajillo, porque estos zombies son lights como se
diría hoy en día, muy lights, son como zombies de Disney, yo me pasé casi toda
la película esperando que cantasen aquello de Un mundo ideaaaal o ya puestos el
We are de world, que si me pongo a pensar en el vídeo ochentero me da incluso
más miedo que los zombis de la película.
Dejando aparte estas consideraciones, sí es cierto que la
cinta es entretenidilla, más sería exagerar, pero hay que reconocer que como
película de aventuras puede valer. Salvando muchísimo las distancias yo pienso
que se acerca más a Indiana Jones que a La noche de los muertos vivientes, sólo
que en vez de nazis los malos son muertos vivientes, habrá quien diga que los
no muertos son más feos, los que esto postulan que recuerden los pantalones
bombachos y el bigote hitleriano.
Mi
novela favorita es Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós, sé que no es la mejor novela jamás escrita pero
en esto de los gustos muchas veces se interceptan sentimientos y se asocian con
recuerdos íntimos de la vida privada que nos enturbian la razón de la verdad
objetiva pero no se pueden evitar o al menos yo no quiero dejarlos atrás y por
eso aunque mantengo la salvedad del gusto propio, reitero que para mí es mi
libro preferido, la habré leído ya varias veces, he perdido la cuenta, antes
una vez al año solía caer y nunca he dejado de pensar o mejor dicho de sentir
la belleza que me inspira el libro.
Sin
embargo cuando pienso en Fortunata y Jacinta lo más curioso es que lo primero
que me viene a la mente no es un libro, es una serie de televisión porque para
mí no fue primero el libro y luego vi la película o simplemente me limité a ver
la película, para mí el origen de todo estuvo en una serie de televisión que se
hizo allá por el lejano año 1980 y que a mí aunque tenía menos de 10 años me
resultó maravillosa y fantástica.
La
monumental novela de Galdós fue llevada a la pantalla por el director Mario
Camus, director, también entre otras grandiosas
películas como Los santos inocentes, La casa de Bernarda Alba o La colmena. En
aquella época la televisión aún tenía intenciones, esperanzas o ganas no sé
como llamarlo, de llevar la cultura hasta cada casa y una de las maneras que se
propusieron fue la adaptación de grandes obras de nuestra literatura. No sé de quien
fue la idea de que la dirigiese Camus, sólo sé que el director cántabro estaba
encantado con el proyecto porque suponía un gran reto y le gustaba lo que
significaba de aprendizaje nuevo del oficio de director y porque siempre ha
sido un amante de la buena literatura.
Esta
asociación dio como fruto una serie o incluso para algunos una película muy
extensa porque el resultado fue de una excepcional calidad tanto en la
dirección como en la fotografía, puesta en escena, música y sobre todo fue
magistral en las actuaciones. Mario
Camus , en colaboración, llevó a cabo el
guión; un guión que resultó bastante
fiel a la novela al menos en la medida de lo posible, en una traslación a la
pequeña pantalla de la novela.
Además
también estuvo a su cargo de la elección de los actores de la obra. Y éste es a
mí parecer uno de los más grandes aciertos del director. Así, a lo largo de la serie vemos desfilar toda una
serie de inmensos actores, algunos veteranos, otras ya consagrados, otros
jóvenes promesas, pero todos o casi todos, son perfectos trasuntos de sus personajes. Está
claro que la dirección que llevó a cabo Camus, eligiendo o destacando un
aspecto de las personalidades más o menos complejas de las figura, o las
indicaciones que supo transmitir a sus actores fueron claves, pero esa elección
dentro del panorama tan rico de la escena española de entonces fue difícilmente
insuperable.
Es
cierto también que los actores supieron dar lo mejor de sí en sus trabajos. Y
es que esto no podía ser de otra manera cuando aún permanecían entre los
mortales, actores de la talla de Fernando Fernán Gómez, Mari Carrillo, Manuel
Alexandre, Francisco Rabal o María Luisa Ponte. Así mientras vemos la serie no
hay más remedio que quedarnos con la boca abierta ante ese despliegue de
talentos y dar las gracias al director santanderino por reunir a ese elenco de
genios.
La
novela de Galdós, y por extensión la serie televisiva, tiene como tema principal un triángulo amoroso.
La historia relata los amores de Juanito Santa Cruz, hijo único de una familia
de adinerados burgueses comerciantes, su esposa Jacinta, procedente del mismo entorno social y la que será su amante en
diferentes etapas, Fortunata, de un extracto social inferior, al que en la
novela se alude como de pueblo, y lo que
hoy llamaríamos proletariado, pero como la novela transcurre durante el tercer
cuarto del siglo XIX esta denominación no resultaría correcta, y también porque
las diferencias de clases en la época eran mucho más diferentes entonces de lo
que fueron después, y de lo que son ahora. Pero no os sé decir si esas
diferencias entre ricos y pobres no serán mucho más abundantes y sangrantes que
en la época de la novela en los tiempos que nos quedan por vivir.
Aunque
Juanito sea el eje vertebrador de la novela,
por un lado por ser el vértice que concentra los dos amores de los
personajes femeninos, y por otro lado por ser una figura que simboliza en
Galdós el típico burgués, el típico español medio de la época, en un momento en
que en España lo mismo había una revolución que la más profunda apatía social,
un gobierno de derechas que de izquierdas, tan de izquierdas como podían ser
los gobiernos en 1875. De ahí que este niño mimado a lo largo de la novela vaya
dando bandazos, lo mismo estudiante aplicado que jovenzuelo frívolo, lo mismo
adúltero desconsiderado y egoísta que amante simpático y tierno, lo mismo
arrepentido pero de nuevo vuelto a caer en la deshonestidad, aunque como
decíamos sea uno de los protagonistas, las verdaderas protagonistas son las dos
mujeres que dan título a la novela: Fortunata y Jacinta.
Jacinta
está interpretada por la actriz Maribel Martín, esta actriz no se ha prodigado
mucho por las pantallas, lamentablemente porque me parece una actriz muy bella
y que aquí hace un estupendo trabajo como la sufrida mujer de Santa Cruz, ella
representa el orden al que su díscolo marido vuelve después de los levantamientos,
es además la personificación de la maternidad frustrada, y estos dos aspectos
relevantes del carácter de Jacinta, Maribel Martín supo representarlos con
espléndida solvencia, personifica excelentemente la dulzura del personaje, cómo
es capaz de ver más allá de los convencionalismos y ponerse en el lugar del
otro, es llamada ángel en más de un momento de la novela porque ella será en
parte la encarnación al final de la novela de un posible acercamiento, de una
probabilidad de futuro en armonía entre el pueblo y las clases altas. Esto es
naturalmente cuando Galdós aún creía en la burguesía. Fortunata,
encarnada por una Ana Belén, a mi modo
de ver magnífica en su papel de mujer de pueblo, es mi personaje favorito, no
aparece en la novela hasta bastante tarde y la vamos conociendo muy poco a
poco, sobre todo a partir de recuerdos de Santa Cruz que le obliga a revivir su
mujer, sin embargo de personaje secundario se convertirá en auténtica
protagonista, de ser un típico arquetipo de mujer de pueblo, primitiva y en
cierta medida salvaje, la heroína irá creciendo, cambiando a medida que el
entorno, las gente,s y sobre todo los hombres con los que por necesidad tenga
que convivir la modifiquen, así, de verla como un ser unívoco de una sola cara
la veremos enriquecerse, convertirse en un ser humano de carne y hueso al que
comprendemos en sus aciertos, sus desvaríos y sus delirios porque Fortunata o
Ana Belén nos los irá transmitiendo, tal vez se podrá decir de esta actriz que
le falta un grado por debajo en la escala de lo primitivo pero creo que esa
tibieza de los inicios se verá compensada por lo bien que la actriz sabe
llevarnos por sus encendidos delirios amorosos de la última parte, la explosión
final cuando decide enfrentarse con su adversaria en amores y no me refiero
curiosamente a Jacinta, es suficientemente ardiente como para compensar esa
frialdad inicial. Es un personaje magnífico, una de las primeras veces en que
el pueblo es retratado desde dentro, entendiéndolo porque el autor se ha metido
en su mente y ha vivido sus vidas y Ana Belén lo hace magníficamente.
Al
lado de estos personajes hay otros secundarios pero que en una novela de esta
magnitud tienen una importancia clave. Así tenemos a Evaristo Feijoo,
interpretado por el gran Fernán Gómez, será uno de los hombres que pasan por la
vida de Fortunata, intentará inculcar a su amante su manera de ver la vida, lo
que él llama filosofía práctica, que no
es otra cosa que intentar vivir con sensatez, que este personaje intenta poner
en práctica en todo momento, al menos hasta que conoce a Fortunata de la que se
enamora a una edad ya avanzada y con la que no duda en convivir, intentando
aplicar su modo de vida a esta nueva situación sin darse cuenta de que ha
dejado un resquicio a la falta de sentido común al enamorarse ya mayor de una
mujer mucho más joven. La naturaleza se impondrá y no servirán de nada todas
sus prevenciones y sus astucias, la vejez le alcanzará de pleno, y la senilidad
se apoderará de él. El tema de la lucha del hombre por imponerse a la
naturaleza y como ésta sale vencedora será capital para todos los escritores
decimonónicos.
María
Luisa Ponte, actriz por la que yo siento especial debilidad, hace de Doña Lupe,
suegra durante un periodo de Fortunata, éste personaje parece hecho a medida
para la Ponte, especializada como nadie en personajes de carácter fuerte e incluso llegando a ser odiosos. En este
caso la madre política de la protagonista tiene uno de esos defectos que a mí
me resultan especialmente desagradables, el de creer poseer siempre la razón y lo que es peor, intentar convencer a los demá,s a toda costa, de su verdad. Además es un ser bastante
mezquino, una usurera con pocas entrañas que prima sobre todo el dinero y la
posición social. María Luisa Ponte bordaba estos papeles de mala y los hacía
tan ricos en matices que te atrapaban aún a pesar del instintivo
distanciamiento que sería lo que correspondería. Era la Bette Davis española. O
Bette era la Ponte americana.
Y
por supuesto tenemos a otros actores menos conocidos pero que merecen también
mención por su esencial aportación, por ejemplo, otro actor que a mí me gustó
mucho desde ese momento, es Manolo Zarzo.
En la serie interpreta a Ballester, otro de los hombres de la vida de Fortunata,
caracterizado entre otras cosas por su gran corazón. Éste actor hizo una
interpretación tan fiel que nunca he podido leer la novela sin imaginarme a
este personaje con la cara de Manolo Zarzo. Otro actor que es imprescindible
citar es Mario Pardo, el tímido y enfermizo marido de Fortunata, encarna con
gran maestría al enamorado que llega a enloquecer de deseo; Charo López es la
amiga alcoholizada de la heroína, ella sí es salvaje y ordinaria, quiere a
Fortunata pero sobre todo adora el alcohol que la tiene atrapada y será su ruina.
Y así podríamos seguir y seguir porque cuesta no mencionar a Luis Ciges como
Ido del Sagrario, a Berta Riaza como Guillermina, y a tantos, y tantos otros porque hasta los personajes que
a priori pudieran parecer más insignificantes consigue Galdós por mediación de Mario Camús hacerlos inolvidables. Ahora me acuerdo de la monja enana que ayuda
a Charo López con su síndrome de abstinencia y la adicta le llamaba palabras
cariñosas para seducirla y que le trajese aunque fuese un dedalito del maldito brebaje
que la tenía embrujada: cañamón, cañamoncito, le soltaba pero a la otra le
hacía gracia y allí iba hasta ella andando con su pata de palo tic tac tic
tac.... y es que todos los personajes desde el primero hasta el último se
quedan contigo para siempre.
Dejando
de lado los actores, es significativa la fotografía, que crea fantásticos
bodegones o se recrea en escenas costumbristas; la música también es reseñable,
así lo mismo se mezclan sonidos orquestales con música de organillo, la puesta
en escena y la ambientación están excelentemente conseguidas, tanto los
interiores con sus puntillas, sus bordados, sus largos pasillos de las antiguas
casas de familia bien, hasta los exteriores en escenarios naturales del Madrid
de la época.
No
había vuelto a ver la serie desde que la estrenaron en televisión y cuando me
la compré en DVD temí que se hubiese quedado anticuada, los primeros momentos
me hicieron pensar que mis sospechas se cumplían, esa música tan propia de las
producciones españolas de la época de la transición, el ritmo tan pausado en
que se desenvuelven los personajes, los colores tan propios de los ochenta pero
poco a poco la serie te rodea, te envuelve y te atrapa, y te imaginas como un personaje más, por la
cava de san Miguel, la plazuela de Pontejos o en la plaza mayor creyendo ver a
lo lejos a Feijoo más envejecido que nunca, consolando a Jacinta porque llora
al no tener hijos o buscando tras una esquina a Fortunata que camina distraída con la mente en su único
amor Juanito Santa Cruz.
Camus
cayó rendido ante la novela de Galdós y con esta gran serie nos dio su versión
de lector enamorado. A mí como espectadora me enamoró también, completando el
círculo que se había propuesto el director. Deseo que si os decidís a verla a
vosotros os suceda también, si os ocurre decirle a Fortunata que no merece la
pena que llore por el galán de Juanito y saludarla de mi parte. Allí nos
veremos.
Autor: Gacela
“¡Andar
así, llevados en las alas del tren, que algo tiene siempre para las almas
jóvenes de dragón de fábula, era tan dulce, tan entretenido...!”
“Cuerpos especiales” (2013) protagonizada
por Sandra Bullock es una película cuya
principal virtud, y la única, que dirían algunos, es la del recuerdo. Mientras
la ves, surgen las evocaciones de tiempos pretéritos, concretamente de los años 80, y de aquel subgénero que triunfó
popularmente, el de las películas de
parejas de policías que se enfrentaban a la resolución de un caso especialmente
complicado. Estas películas tenían siempre el
mismo esquema previo, dos seres completamente diferentes que se veían obligados por las circunstancias a trabajar juntos. El hecho de ser totalmente diferentes
hacía que se complementaran y eso les ayudaba a resolver el caso. Además, por
añadidura, se les solucionaba, aunque
fuese levemente, algún aspecto problemático de sus vidas privadas, y al final acaban convirtiéndose en los mejores amigos, e incluso en hermanos para
siempre. “Cuerpos especiales” es sólo una más, en cierta medida homenaje, en cierta manera otra vuelta de tuerca con la diferencia que, esta vez, las protagonistas son dos mujeres policías, en definitiva, una manera de aprovecharse de nuevo de algo que se sabe que funciona.
Este esquema se repitió en los
80’s y en los 90’s hasta la saciedad sólo que incluyendo variantes en la ecuación que aportaban alguna novedad, y por ende, seguían entreteniendo que era lo que importaba. El asunto podría haber empezado con “Límite 48
horas” (1982) con Nick Nolte y Eddie
Murphy como variables de la ecuación, un
policía blanco y un delincuente negro. Las constantes un caso especialmente intrincado y peligroso, y que también alcanza generalmente a sus vidas privadas, la muerte de un compañero era un
tema muy socorrido. Y junto a eso y aportando habitualmente una nota de humor
estaban las diferencias de carácter o de situación ante la vida; y que mayores
extremos que un policía muy duro, aún estaba muy presente la figura de Harry
el Sucio como el referente de agente de la ley, y frente a él
un presidiario, un delincuente habitual
de vida disoluta pero que, a pesar de ello, parecía
disfrutar más de la vida y tomarse las cosas con más filosofía que el
duro policía. Naturalmente al final el policía ayuda al delincuente con sus
problemas con la ley, y el delincuente colabora
para que el otro protagonista vea la vida con más optimismo.
Habría que esperar a 1987 para
que el esquema se repitiese con éxito, con mucho éxito, tanto es así que se
convirtió en una saga y se hicieron hasta cuatro películas más con el mismo
título, nos estamos refiriendo a “Arma letal” (1987) con Mel Gibson y Danny
Glover, ahora sí dos policías pero con formas de vida totalmente diferentes. Danny Glover representaba al padre de familia
típico con esposa, varios hijos y una vida burguesa y conservadora que no
quería que nada cambiase, mientras que Mel Gibson era el bohemio que vivía en
una caravana, lloraba la pérdida de su esposa y era autodestructivo. Al
tocarles trabajar juntos Mel ponía
continuamente en peligro y al límite a su acomodado amigo, y Danny conseguía
con muchos apuros introducir algo de cordura en la vida de su chiflado
compañero.
A continuación llegaron como un
río caudaloso un montón de películas del
mismo tipo, todos los que eran actores famosos en ese momento quisieron
subirse al carro de aquel filón tan resultón. Arnold Schwarzenegger hizo “Danko,
calor rojo” (1998) junto a James
Belushi, hermano de John Belushi intérprete de The Blues brothers. En este caso
el antiguo míster Universo hacía de policía de la antigua URSS que se veía a
obligado a viajar a EE.UU y trabajar con
James Belushi, que representaba a un policía americano típico, bueno, típico de
Hollywood claro. Y naturalmente, si
Schwarzenegger había tocado el tema, también tenía que hacerlo Silvester Stallone que hizo junto a Kurt Russell “Tango y
Cash” (1989). En este caso las diferencias entre ambos protagonistas no eran
tan extremas; los dos eran policías, la
diferencia estribaba en sus caracteres y en la manera de enfrentarse a los
delincuentes.
Clint Eastwood también aportó su
personalidad y su manera de actuar a este tema, así hacía de policía ya machucho que le toca trabajar con un novato, un jovencísimo Charlie Sheen en la
película “El principiante” (1990) . Michael J. Fox también estuvo ahí con “Colegas a la
fuerza” (1991) donde hacía de un actor que quería meterse en la piel de un policía
para poder interpretarlo con mayor verosimilitud, su modelo a seguir era
James Wood que representaba a un policía clásico que sufría el método
Stanislavsky de su histriónico compañero eventual.
Las diferencias entre los
personajes principales se hicieron muchas veces extremas así lo vemos en “Alien nation” (1988), donde el compañero más extraordinario era nada menos que un
extraterrestre. Curiosamente esa era la principal diferencia entre los policías
porque a la hora de la verdad había una gran similitud de caracteres y de
maneras de enfrentar el trabajo policial. Otra pareja también atípica era
la de la película “Superagente K9” (1989). En este caso James Belushi estaba acompañado por un actor
menos famoso, se trataba de un perro, concretamente un pastor alemán, que
acababa resultando más humano que con los que compartía la genética el policía
humano.
Y así podríamos seguir no
infinitamente pero sí un larguísimo tiempo con Will Smith en “Dos policías
rebeldes” (1995) , con Jackie Chan en “Hora punta” (1998), e incluso con Woopie Goldberg en la película “Theodore Rex” (1995) acompañada de un policía dinosaurio, pero creo
que este último es más producto de una pesadilla o eso espero por el bien de nuestra
salud mental.
Autor: Gacela
“Eh! corta el rollo quieres
amigo! los dos sabemos por que he sido transferido, todo el mundo cree que soy
un suicida, lo cual me jode porque nadie quiere trabajar conmigo, o creen que
finjo para cobrar la pensión, lo cual me jode porque nadie quiere trabajar conmigo.
Resumiendo estoy jodido”.
La canción “Summertime” es en realidad el aria más
conocida de la ópera “Porgy and Bess”
estrenada en Broadway en 1935. Tras el estreno de la ópera, esta canción alcanzó
una enorme popularidad, llegando en septiembre de 1936 a la lista de éxitos de
EE.UU con la versión interpretada por la cantante de jazz Billie Holiday. De
ella también han hecho versiones Louis Armstrong y Ella Fitzgerald, Gene Vincent
y Miles Davis, Janis Joplin, Rem, Celine Dion, Rod Stewart…
siendo más de 3.000 los artistas que la han versionado. Incluso la actriz
Scarlett Johansson se ha atrevido con ella y junto con el grupo de música
electrónica Massive Atack hicieron una
versión que forma parte de la banda sonora de la película mexicana “Días de Gracia” del director Eduardo Valerio Gout .
La Ópera “Porgy and Bess” fue compuesta y escrita por los
hermanos George e Ira Gershwin, basada en la novela de Dubose Heyward “Progy” de 1925 y en su posterior adaptación teatral
de 1927. Fue estrenada en Broadway el 10 de octubre de 1935 y todo el elenco lo
formaban actores y cantantes afroamericanos. Esta obra está empapada de lo
mejor de la cultura musical afroamericana, llena de spirituals, blues y jazz y música folck,
con emocionantes canciones para solista, dúos y grandes escenas corales. Está ambientada
en los primeros años de la década de los 30’s, ynos describe cómo vivían los afroamericano en
los suburbios de las grandes ciudades.
La acción se sitúa en la
imaginaria calle de Catfish Row, en un miserable
barrio portuario de Charleston
(Carolina del Sur, EE.UU). En ella vive Porgy, un mendigo tullido enamorado de
Bess, una hermosa mujer adicta a las drogas que vive dominada por Crown, un borracho que la maltrata. En una pelea, Crown mata a otro
hombre y tiene que huir para no ser detenido por la policía, dejando sola a Bess no sin antes hacerla prometer que lo esperará. Bess llama a todas las puerta en busca de refugio, pero nadie quiere acogerla, salvo el camello Sportin Life,
que le propone huir con él a Nueva York a cambio de droga, pero ella rechaza el
ofrecimiento y es Porgy quien la acoge en su casa. Con el paso del tiempo surge
el amor entre ellos y Bess que se convierte en una nueva mujer
alejada de la mala vida, aun así el traficante sigue asediándola pero ella lo rechaza.
Un día Bess marcha de excursión a una isla en barca con sus vecinos, dejando a Porgy en casa. En la isla descubre que Crown se refugia allí huyendo de la justicia. Éste le pide que huyan juntos pero Bess se resiste diciéndole que quiere a Porgy, pero ante la insistencia de Crowm, vuelve a ser seducida por él, perdiendo la barca para volver a casa esa noche. Cuando regresa, le cuenta a Porgy que no volvío por haberse perdido, pero él le dice que no la cree y que sabe que ha estado por Crown. Bess le dice a Porgy que quiere quedarse con él, pero le suplica que no la vuelva a dejar caer en los brazos de Crown. Pero éste regresa a buscar a su mujer, y para impedir que se lleve a Bess, Porgy se abalanza sobre él y lo mata. Llega la policía pero nadie delata al autor del crimen, pero Porgy debe acudir
a comisaría a identificar al cadáver. Es entonces cuando Sportin Life aprovecha
para convencer a Bess, que huya con él a Nueva York bajo la promesa de una vida
más fácil y disoluta que la que vive en la sórdida Catfish Row. Pocos días después, Porgy regresa a la ciudad y
descubre que Bess ha huido con el traficante al creer que él nunca más iba a
regresar a causa del crimen cometido, y
en ese momento Porgy decide emprender un largo camino en busca su amada…
El argumento de la ópera siempre ha causado controversia,
sobre todo entre la población afroamericana debido a los estereotipos que se
muestran de ellos al representarlos como gente pobre, violenta y adicta a las drogas. A finales de los años treinta algunas de las
representaciones que estaban previstas en diversas ciudades
estadounidenses tuvieron que ser canceladas ante la negativa de los intérpretes
afroamericanos a representarla y por la presión la población negra local por la
visión que de ellos se daba. La animadversión por la ópera fue in crescendo con el paso del tiempo, aumentando
durante la década de los años 50, 60 y 70, debido al auge del movimiento en defensa
de los derechos de los afroamericanos que consideraban su argumento racista
dando una visión deplorable para la población negra. Pero con el paso del
tiempo “Porgy and Bess” se ha convertido en la ópera americana más emblemática
de todos los tiempos, no obstante aun existen recelos entre cierto sector de la población afroamericana en relación a la temática de la misma.
Esta opera también fue llevada al cine en 1959 por Otto
Preminger, siendo sus actores protagonistas Sidney Poiter como Porgy, Dorothy
Dandrige como Bess, Sammy Davis Junior como Sportin Life y Brock Peters como
Crown. La película se llevó el Oscar a la Mejor Banda Sonora y el Globo de Oro
a la Mejor película musical. Al igual que paso con la ópera, debido su controvertido
argumento y la visión negativa que mostraba de la población afroamericana,
algunos actores se negaron a interpretarla o tuvieron serias dudas en hacerlo.
Harry Belafonte rechazó el papel de Porgy, al igual que hizo en un primer momento Sidney Poiter, pero convencido
por su representante aceptó el papel al cual estuvo apuntó de renunciar en más
de una ocasión. La actriz Dorothy Dandrige aceptó el papel de Bess, pero
siempre estuvo preocupada por cómo se iba a tratar su personaje, queriéndolo alegar de los estereotipos que se tenían de la mujer afroamericana. Tanto Sidney Poiter como Dorothy Dandrige, fueron doblados en las actuaciones musicales,
salvo Sammy Davis Jr, utilizó su propia voz.
Sidney Poitier (doblado por Robert Mcferrin) y Dorothy Dandridge (doblada por Adele Addisoson) interpretando "I loves you Porgy"
La música de "Porgy and Bess", a día de hoy, está tan vigente como el primer día. Sus arías, como "Summertime", se han convertido en canciones clásicas del jazz que han sido versionadas por otros estilos musicales, pero a pesar de la popularidad de la que gozan, son pocos los que conocen la oscura y sórdida temática de la ópera de donde proceden. Autor: Carmen @Persefone123
*Para acceder a los vídeos de las canciones sólo se debe clicar encima del título de las mismas
El hombre de acero es una
película claramente planeada, realizada y proyectada para lucirse en el formato
3D. Es asombroso como en una película se elabora con este único fin, con personajes cada vez más desdibujados, actores más planos, diálogos sustituidos por gritos y ruidos, e historias centradas en demostrar la fuerza bruta, ya sea de la naturaleza o del superhéroe
de turno. Parece que en el cine, y por ende en la vida también, vamos para atrás, sustituyendo la razón por la fuerza bruta. Y es que en la película que nos
ocupa más que una historia en sí, hay una sucesión de escenas a toda velocidad
donde se sufre o se disfruta, según el entendimiento de cada uno, con los
supuestos prodigios de las tres dimensiones. Así, vemos a Superman sujetando a
un autobús que se despeña, aguantando casi impertérrito un tornado, salvando
del naufragio a unos marineros con su barco, rescatando a los operarios de una
plataforma petrolífera en medio del océano o destrozando por doquier, con saña
y machaconamente todo el mobiliario urbano que se le pone por delante, debe ser
que algún sociólogo ha hecho algún estudio que demuestra que esto de que se caigan edificios impacta
mucho en el público de las salas de cine. Pero a pesar de todas estas hazañas, el director ha tenido
la consideración de llevar a cabo una obra que no va a requerir que le
dejemos ningún espacio en el armario de la memoria puesto que será olvidada con una
facilidad prodigiosa.
Frente a esto y para darle un
matiz menos pedestre y disfrazarlo, porque no es más que eso un disfraz como
esas caretas de los bailes de máscaras con las que se pretende esconder la
verdadera personalidad, el héroe sufre una crisis existencial, torturado por
una infancia llena de preguntas sin respuesta y una adolescencia repleta de
miedos, el protagonista busca su lugar en el mundo. Se trata de una
introspección psicológica tan superficial como anodina y se le notan las ganas
a los guionistas, seguramente obligados por los productores que tendrán más
estudios y sondeos de sociólogos, de acercar la película al público adolescente
o a la supuesta sensibilidad femenina. En definitiva que no es más que un
parche para rellenar los huecos entre efecto especial y efecto especial. Aunque
he leído por internet un crítico que veía en esto “un fascinante dilema moral”
y hasta encontraba referencias a la caverna de Platón yo lo veo simplista, poco
auténtico y tremendamente elemental.
Con respecto a la primera
película de “Superman”, la de Richard Donner se echan de menos muchísimos detalles,
le han quitado el calzón por fuera al superhéroe, tal vez en 3D se destacaban demasiado
ciertas partes, es un suponer claro, por cierto y aunque no venga al caso no
puedo dejar de mencionar que Henry Cavill, es demasiado musculoso de cintura
para arriba pero de cintura para abajo mengua, eso le da un aspecto de machaca
de gimnasio y un efecto poco natural para un supuesto superhombre; se echa de
menos a Christopher Reeve (aunque no fuese precisamente un Robert de Niro) con
aquella media sonrisa, o esos aires de despistado cuando hacía de Clark Kent,
el nuevo tiene menos expresividad que una marioneta de madera; Se añora la
imaginación que había que desplegar cuando los efectos especiales no llegaban
para más, eran trucos tan ingenuos, tan inocentes pero al mismo tiempo tan
efectivos que muchas veces te cautivaban y se convertían en iconos, qué decir
de aquellos hula hoops en los que estaban atrapados los malos o ese espejo
triangular en que se ven obligados a vagar por toda la eternidad, no se puede
concebir una tortura peor que esa, bueno
sí, lo mismo pero sonando continuamente una música que uno deteste; se echa de menos
a ese malo interpretado por el versátil Gene Hackman, ganador de dos Óscar por “Sin
Perdón” y “French Connection”, el nuevo villano, el actor Michel Shannon, al que muchos conocen como el agente del tesero Nelson Van Alden de la serie “Boardwalk Empire”, no es un mal actor pero en este película no se sabe bien que le han hecho pero uno no deja de preguntarse a quien le recuerda hasta que se cae en la cuenta de
que la familiaridad viene dada porque lo han caracterizado como a Tino Casal. Y eso te lleva a una conclusión: Si Tino Casal era un extraterrestre, ¿quién es
Mario Vaquerizo? Pero eso claro es otra historia.
En fin, El hombre de acero es una
película que nos devuelve al principio del cine, cuando era un espectáculo de
feria, uno de esos productos vacíos llenos de humo y aire, de trucos y
subterfugios para llevar a la gente al cine con el reclamo de colores intensos,
sonidos estruendosos, marionetas y prodigios mecánicos que se mueven sin que intervenga
el ser humano, como decía al principio vamos para atrás en lugar de hacia
adelante, ahora eso sí si asumes todo esto puedes pasar un rato medianamente
entretenido, inocuo y muy fácilmente olvidable o lo que es lo mismo, una
tremenda nada sin ninguna emoción, que ha costado la friolera de 200 millones
de dólares. Lo mejor es que te hace recordar con añoranza y un tremendo respeto
aquel “Superman” de Richard Donner, cuando los directores eran artistas no
mercachifles contratados para conseguir beneficios a toda costa y por encima de
cualquier otra consideración.
Las películas coreografiadas por Busby Berkeley fueron el paradigma del musical clásico por sus espectaculares
puestas en escena , siendo los cimientos de los grandes musicales de la época
dorada de Hollywood. Un ejemplo de esto es la
película “Calle 42” dirigida por Lloyd Bacon y cuyas coreografías fueron supervisadas por el propio Busby Berkeley. Su argumento gira entorno a cómo montar un espectáculo dentro del enclave de la Gran Depresión Americana:
"Doscientas
personas, doscientos puestos de trabajo, doscientos mil dólares, cinco semanas
de sangre y sudor dependen de ti. Es la vida de todas esas personas que han
trabajado a tu lado. Tienes que salir a ese escenario y darlo todo, [...] no
puedes derrumbarte, porqué están en juego tu futuro, el mío, el de todos
nosotros..."
Dentro de las grandes coerografias de Busby Berkeley se debe mencionar una llamada "Mi hombre Olvidado" incluida en la película “Vampiresas” de 1933 dirigida por Mervyn LeRoy. Se trata de un impresionante número musical sobre los excombatientes de la Primera Guerra Mundial
que a su regreso fueron olvidados y relegados de la sociedad. En este número los soldados toman el protagonismo llegando a formar parte el cuerpo de baile, siendo el primer gran número musical crítico con la sociedad
norteamericana:
Otra gran coreografía es la protagonizada por Judy Garland y Gene Kellgy en la película "For me and my girl" de 1942, dirigida por el propio Busby Berkeley:
Y para finalizar otro gran número de la película "Calle 42":