“Su mirada, dos agujeros negros que permanecen fijos,
como la de un demonio esperando"
El día estaba muriendo mientras la luz de la luna empezaba a
explorar las inclasificables curiosidades desperdigadas en el suelo al entrar
por la ventana. Avanzaba lenta y uniforme hasta que iluminó el cuerpo que había
provocado el ruido que se escuchó con anterioridad.
El mayordomo tras oír el estruendo proveniente de la alcoba de su
amo acudió enseguida.
Al abrir de par en par las puertas del dormitorio, lo único que pudo
descifrar entre las sombras fue el respaldo del mullido sillón; ése que meses
atrás era testigo de la incontenible pasión del amante de lo antiguo, pero
ahora, solo un lugar de veneración dedicado al enigmático fresco.
Caminando a través del salón, descubrió la deplorable figura. El
anticuario yacía en el suelo caído sobre la alfombra escarlata, derrumbado
entre relojes victorianos, pergaminos arameos y libros escritos en francés
antiguo. El antes jovial e infatigable coleccionista estaba en un estado
paroxístico entre la miseria, la locura y el cansancio.
Hace algún tiempo, curioseando en un puesto de libros en un
mercadillo, compre entre otros, un libro que luego se convirtió en uno de esos
que vamos dejando a un lado, porque sin saber por qué , no nos decidimos a leer.
Tal vez por el título o por nuestras preferencias literarias. El caso es que un
día me encontré con que no tenía nada que leer y decidí empezar con él. “La
pasión de Artemisia” La desgana con la que comencé a leerlo pronto se fue
transformando en un interés que me atrapó. Me interesa mucho la vida de todas
aquellas mujeres que, independientemente de la época en la que hayan vivido,
han sido transgresoras, han tenido una vida intensa y sobre todo, han
enfrentado la vida con valentía. Artemisia Gentileschi no fue una heroína de guerra,
ni una reina, tampoco fue una activista, fue una pintora.
Hija de un
prestigioso pintor, Orazio Gentileschi fue la única de seis hermanos que se
sintió atraída por la vocación de su padre. Nació en una Roma
convulsionada por los conflictos
políticos y papales allá por el 1593. Quedó a cargo de su padre a los doce años
cuando muere su madre. Admiradora del gran Caravaggio, el año en que este muere,
Artemisia termina su primer cuadro titulado “Susana y los Viejos”, tenía tan
solo 17 años. Viendo las cualidades artísticas de su hija, Orazio la pone en
manos del pintor Agostino Tassi, reconocido por su dominio de los claroscuros
y quién se convierte en su maestro.
Algunos meses después la muchacha fue violada por su maestro. El escándalo
recorrió toda Roma, el maestro se comprometió a casarse con Artemisia pero, al
incumplir esa promesa Orazio lo lleva ante la justicia. Artemisia es sometida a
todo tipo de interrogatorios y torturas, entre ellas, atar sus dedos y
presionarlos hasta casi deformarlos, con la única intención de que confirmara
la acusación. Tassi fue sentenciado a un año y medio de prisión y al exilio,
aunque nunca cumplió estas penas. Para el padre, esta situación hizo que, lejos
de proteger más a su hija, le causara una gran afrenta. Arregló un matrimonio
con el pintor florentino Pierantonio Stiattesi y procura que se vayan a
Florencia.
Ya en la capital de
la Toscana vivió unos años de penuria económica y un matrimonio bastante
conflictivo pero, Artemisia siguió pintando y logra ser la primera mujer en ser
admitida en la Academia del Dibujo. A partir de ahí, comienza a relacionarse
con grandes artistas como el Joven Buonarroti, quien era sobrino del Gran
Miguel Ángel y pasa a trabajar bajo el mecenazgo de Cosimo II de Medici. Inicia
una gran amistad con Galileo Galilei; amistad esta que se mantendría durante
mucho tiempo de forma espistolar. Fue la época en la que, entre grandes cuadros,
logra su obra maestra “Judith Decapintando a Holofernes” donde, según los
entendidos de su arte, los rasgos de Judith son los suyos y Holofernes
representa a Tassi, su violador. A pesar de sus éxitos y reconocimiento como
pintora, la acuciante situación económica la obliga a dejar Florencia y
trasladarse nuevamente a Roma donde pintó varios cuadros de renombre pero que,
no lograron ser del todo rentables para solventar su delicada situación
económica. Su marido se ve envuelto en
un hecho de sangre y terminan por separarse. Artemisia se traslada a Venecia
donde estuvo durante tres años y vuelve a disfrutar del éxito. Finalmente, se
marcha a Nápoles para ponerse al servicio del virrey español Fernando Enrique
Afán de Ribera, gran admirador de su obra.
Durante el tiempo
que estuvo en Nápoles su fama se extendió y fue contratada para trabajar junto
a su padre en Londres. El tiempo había pasado y con él se habían cerrado
aquellas heridas que los mantuvieron distanciados. Orazio era considerado un
maestro de la pintura en la corte del Rey Carlos I. Finalizado ese periodo,
volvió a Nápoles donde estuvo hasta su muerte.
Para Artemisia
Gentisleschi la mujer fue el centro de su pintura, en todas sus obras se
destaca la imagen de la mujer, una mujer con fuerza expresiva que traspasa el
lienzo. De ella se dice que fue la única mujer que destacó por los desnudos
femeninos, a pesar de que existieran otras pintoras contemporáneas a ella. Sus
cuadros fueron cotizadísimos por los nobles de la época, la mayoría, aquellos
que mostraban los desnudos femeninos cargados de un dulce erotismo, sin olvidar
las obras destacadas por su gran dramatismo. Artemisia fue una mujer
transgresora para su época, rompiendo reglas sociales en pos de la libertad
que, sabía era el camino hacia la gloria como artista. Pintó a la mujer tal y
como ella la entendía, en el centro de sus cuadros, en el centro de la vida.
Gracias tiene su etimología en la palabra latina Gratiae y la griega
cárites (Χάριτες) que denota favor,
simpatía, estima, y la utilizamos para expresar nuestra gratitud por algo o por alguien, para agradecer
a una persona aquello que haya podido hacer por nosotros.
La palabra Gracia, nos hace evocar Las Tres Gracias o Cárites, de la mitología
griega. Sus nombres eran Aglaya,
Eufrósine y Talia, hijas de Zeus y la ninfa Eurínomes, y
consideradas las diosas de la belleza,
la creatividad y la fertilidad, como fuentes generadas de vida. Solían presidir toda clase de actividades y celebraciones con
tintes de agradibilidad, placer, belleza e interés, como pudieran ser banquetes, danzas… Se decía que otorgaban a los dioses
y a los mortales no sólo la alegría, la sabiduría o la genialidad, sino también todas las cualidades necesarias
para ser un excepcional artista. Las
tres Gracias eran acompañantes habituales de Afrodita y Eros, tenían una
estrecha relación con las musas y se divertían al son de la música de Apolo. Eran representadas con una grácil belleza y con
el pelo mal recogido fruto de sus múltiples bailes, y casi siempre cogidas de la
mano, justo en el momento anterior al inicio de una de sus danzas. A pesar de
su gran belleza, sobresalían por su modestia y han sido representadas junto a sátiros de
horrenda fisonomía para resaltar el mensaje que ellas transmitían, que no se
debe juzgar a las personas por su apariencia ya que el defecto de un rostro puede ser corregido por
la belleza de su espíritu.
Me pregunto si Dante Alighieri se hubiese inspirado en Beatriz para escribir su Divina Comedia si viviera en nuestros tiempos. Acelerados tiempos estos en los que las relaciones humanas han sufrido una metamorfosis que, realmente no sabemos, si sigue la teoría de la evolución o por el contrario, estamos en plena involución.
Beatriz Portinari ha pasado a ser
eterna gracias a ser la musa o inspiración de Dante. A ella, a lo que inspiró
en el poeta, se deben sus obras más
conocidas, La Divina Comedia y Vida Nuova.
Beatriz representaba para Dante el amor cortés, el amor sublime. Existen muchas referencias
históricas sobre la existencia o no de esta dama. Algunos historiadores narran
un primer encuentro cuando ambos contaban con tan solo nueve años. Estos mismos
dicen que hubo un segundo y último encuentro nueve años después y que esto
bastó para que ella se convirtiera en la musa del escritor. Otros historiadores
confirman estos dos encuentros aunque,
sus familias vivían en la misma callejuela donde hoy se puede visitar la casa
de Dante. En menor cantidad, los hay quienes creen que Beatriz nunca existió,
que fue el resultado recurrente de la inspiración de Dante.
Habiendo ocurrido o no lo que
cada historiador cuenta, no podemos olvidar que estamos ubicando los hechos en
el siglo XIII. Hay referencia de ella hecha por Bocaccio, que la describe como
una gentil dama con facciones tan delicadas como las de un ángel. Conociendo la
literatura de este autor, orientada en
su mayoría hacia la lujuria, es de estimar el respeto que la dama inspiraba en
este para describirla de tal manera. Realmente no se sabe con certeza si la historia que se cuenta de
ella es auténtica pero, de ella se describe un matrimonio y seis hijas.
Cualquiera podría pensar que siendo la moral de las damas tan cuidadosamente
vigilada en aquel tiempo, podría verse afectada al saberse que una señora, de
las principales familias de Floréncia, era la devoción del poeta. Sin embargo,
no fue censurada por los hombres de aquel tiempo que consideraron La Comedia
como una gran obra. Esto ocurrió así,
porque Dante al igual que muchos poetas del Stil Nuovo, sublimaban lo que se
conocía como “El amor cortés.
Dante Alighieri cantó a su musa
como cualquier trovador cantaba las penas del desamor y la ilusión del amor platónico. Entonces, ¿escribiría hoy el poeta sus grandes obras inspirándose en
una musa creada por su inspiración o por el recuerdo de un solo encuentro?
¿Escribiría hoy Dante inspirado por el amor surgido hacia una persona a la que
nunca ha visto, con la que nunca ha hablado, a la que nunca ha escuchado? Tal
vez si. La inspiración no es más que el
resultado de una necesidad de crear, movidos por un sentimiento que, en la
mayoría de los casos, no entendemos.
Dando un paseo por las redes
sociales, nos podemos encontrar con gran cantidad de gente que, manifiesta esa
necesidad escribiendo maravillosos versos o prosa. En muchos casos, y al igual
que Dante, la inspiración es proporcionada por situaciones intangibles y un
tanto etéreas. Las redes sociales han resultado un medio eficaz para volcar esa
inspiración. Para muchos, esto no pasa de ser un romanticismo trasnochado y
pueden llegar hasta a ridiculizar a sus autores. Existe respeto por los versos
escritos por grandes poetas de renombre, se glorifican los versos de los
lejanos trovadores pero, se cree que son letras que no tienen cabida en
nuestros tiempo. Las musas o, si se
prefiere, la inspiración, necesita ser canalizada, con más o menos acierto
pero, se vuelca procurando alivio a su autor en cada verso.
Conocemos los sueños de Dante
y Beatriz será por siempre eterna,
porque la inspiración habitó en el alma de un poeta y él, magistralmente los
narró y los dejó a la humanidad como legado.
Es muy frecuente que nos llenemos
del romanticismo que narran las bellas historias de amor escritas por
inspirados escritores, que las sintamos como propias y creamos que amores como
esos solo se pueden leer en novelas o en sentidos poemas. Lo cierto es que, hay
historias, no escritas sino vividas por sus auténticos protagonistas que hacen
palidecer cualquier historia creada por la inspiración, para ser contada.
Hace pocos días, por una
situación personal, recordé una historia que me contaron la primera vez que
estuve en Roma. En aquel momento me pareció muy romántica pero, ahora al volver
a esa ciudad y pasear por el Trastevere, me deje llevar hasta la que se supone
fue la casa de una hermosa mujer, que es la protagonista de aquella historia.
Se trata de la casa de “La Fornarina” De la misma forma que yo callejeaba por
el barrio, un día paseó Rafael Sanzio y ante él encontró a la que iba a ser, no
solo su musa, sino su gran amor. Como en todo lo narrado por los historiadores,
no hay acuerdo entre ellos sobre la verdadera historia de esta relación, salvo
algunos detalles obtenidos como conclusión del análisis de un cuadro que Rafael
mantenía oculto en su estudio y que apareció tras su muerte. De este cuadro
solo tenían conocimiento sus más allegados y sus discípulos. Yo conozco la
historia que cuenta el pueblo, la que ha venido rodando de generación en
generación y que no ha sido escrita sino narrada verbalmente.
El joven Rafael llegó a Roma
procedente de su Urbino natal y después de haber hecho un periplo artístico por
Siena, Venecia y Florencia, donde se había codeado con los grandes genios de la
pintura del momento, el alto Renacimiento. Entre ellos el gran Leonardo y
Miguel Ángel, con los cuales trabajó como aprendiz. Ya en Roma, recibe el encargo de decorar las
habitaciones privadas del papa Julio II. A partir de ahí comienza la
popularidad del pintor y empieza a ganar mucho dinero, porque toda familia de
bien, quería un cuadro hecho por sus manos. Tras la muerte del papa, fue
confirmado en su cargo por León X, que más que un papa, actuaba como mecenas de
grandes artistas. Era tanta la admiración que despertaba, que un importante
cardenal le ofreció la mano de una de sus sobrinas, con la cual se comprometió.
Rafael tenía fama de hombre
libertino y enamoradizo. Frecuentaba las pecatricci (pecadoras) cortesanas y
eran famosas sus fiestas y juergas. Paseando un día por el Trastevere, entró a
una panadería atraído por el olor del pan recién horneado, allí conoció a
Margarita Luti, apodada La Fornarina por ser la hija del panadero. Cuenta la
tradición popular que el pintor quedó prendado de la joven. Los paseos por
aquel barrio comenzaron a ser cada vez más frecuentes. Se inició un tórrido
romance entre los dos jóvenes que llegó a crear cierta dependencia en el
pintor, tan marcada, que necesitaba tenerla cerca para poder inspirarse y
pintar. Al mismo tiempo, el cardenal constantemente le recordaba el compromiso
que había adquirido con su sobrina. Rafael, nunca rompió el compromiso pero,
siempre encontraba alguna disculpa para no cumplirlo.
La tradición cuentista romana,
tan exagerada como romántica, cuenta que Rafael y Margarita se casaron en
secreto. Era una forma de cumplir con su amada y al mismo tiempo, ocultarlo a
una sociedad que señalaba a Margarita por su origen humilde. El amor entre ambos era tan intenso que sus
horas de lecho eran interminables, no lograban saciarse. En una de esas
entregas llenas de pasión y sin saber el tiempo que habían dedicado a la misma,
Rafael terminó con altas fiebres que ningún médico supo controlar. Agonizó
durante varias semanas y durante ese tiempo imploró a Margarita que se
mantuviese alejada. No olvidó a
Margarita en su testamento, legándole un gran patrimonio aunque esta lo
rechazó. Margarita se recluyó en un convento a los cuatro meses de la muerte de
Rafael, muriendo pocos años después.
Cuanta verdad y cuanta leyenda
hay en la historia se desconoce, como todo lo que cuentan los historiadores, de
acuerdo a la simpatía que les inspirara el personaje. Lo cierto es que, una vez
recuperado el cuadro de “La Fornarina” se han podido analizar algunos elementos
que podrían confirmar la historia contada por los romanos. Una de las alegorías
más destacadas es el brazalete que luce la dama en su brazo izquierdo, donde se
puede leer claramente el nombre de Rafael. En uno de sus dedos, originalmente
fue pintado un anillo, al parecer de casada y que posteriormente fue tapado por
sus discípulos. Pero tal vez, lo más llamativo sea la perla que ella luce en su
turbante, según los entendidos, claras insinuaciones del matrimonio clandestino
de la pareja.
Me gusta la historia contada por
la gente de Roma. La prefiero a las confrontaciones de los historiadores llenas
de datos y fechas. Me gusta oírla contada con la euforia llena de magia que
impregnan los romanos a todas sus historias y más, cuando está el amor de por
medio.
Solo un dato más: Cuatro meses
después de la muerte del pintor, en el Convento de Santa Apolonia del
Trastevere, se registra la entrada de una “viuda Margarita”, hija del panadero
Francesco Luti di Siena.
"En toda historia de amor
siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida,
porque las historias de amor encierran en si, todos los secretos del
mundo"
Miguel Ángel esculpió la mayor obra de arte jamás creada a
partir de un bloque único de mármol, una sola pieza elegida cuidadosamente en
las míticas canteras de Carrara, no cualquier piedra, sino la piedra, sin
duda la cera de la que se surtían los dioses para moldear y dar a luz los
sueños.
La obra fue
concebida, según Platón, el artista reconoce su obra en el interior de la
piedra, el genio, la mente y las manos del hombre se dedican a desechar lo
sobrante, un bloque de piedra convertido en el útero del artista, eso es.
Miguel Ángel con tan solo veinticuatro años y en el plazo de
uno, creo el absoluto, si se pudiera contemplar, acariciar y respirar su
esencia de cerca, sin tiempo y a solas, posiblemente a más de uno le cambiaría
la vida no por el sentir religioso, para algunos quizás sí, pero para otros, y desde luego para mí, no sería fácil compartir los latidos al lado de
semejante maravilla sin sentir la falta de aire, el tiempo detenido y la sangre
golpeando fuerte los tímpanos, el silencio... como poder digerir tanta belleza
sin quedar tocado para siempre.
Autor: Pepp
“¿Cómo puedo hacer una escultura? Simplemente retirando del
bloque de mármol todo lo que no es necesario”.
Paul Cadden es un
pintor nacido en Glasgow (Escocia) en 1964. Sus obras parecen fotografías en
blanco y negro pero son sólo grafito, tiza blanca y carbón. Sus dibujos y
pinturas se basan en fotografías y fotogramas de vídeo, intenta
que en sus creaciones se vea una realidad que no se ve en la foto original.
“Aunque los
dibujos y pinturas que hago se basan en fotografías, videos alambiques etc, la
idea es ir más allá de la fotografía. La foto se utiliza para crear un enfoque
más sutil y mucho más complejo en el tema representado, la imagen virtual se
convierte en la imagen viva, una intensificación de la normal. Estos objetos y
escenas en mis dibujos son meticulosamente detalladas para crear la ilusión de
una nueva realidad que no se ve en la foto original. El estilo hiperrealista se
centra mucho más en su énfasis en los detalles y los temas representados. Las
Pinturas y esculturas hiperrealistas no son interpretaciones estrictas de fotografías,
ni son ilustraciones literales de una escena o tema en particular. En su lugar,
utilizan a menudo elementos sutiles adicionales, pictóricos, para crear la
ilusión de una realidad que, de hecho, no es existe o no puede ser visto por el
ojo humano. Además, se pueden incorporar elementos temáticos emocionales,
sociales, culturales y políticos como una extensión de la ilusión visual
pintada, una salida distinta de la vieja escuela y mucho más literal de
fotorrealismo…”
JOANNA SIERKO FILIPOWSKA, pintora polaca nacida en 1960,graduada en la Academia de Bellas Artes de
Varsovia en 1985. Sus obras evocan un mundo mágico, llano de armonía interna
que por unos momentos nos hace volver a nuestra niñez.
JEAN CLAUDE DESPLANQUES, artista francés nacido en 1936, estudió en la Academia de Bellas Artes de
París y dedicado a la pintura desde 1960 donde destacansus criaturas míticas, personajes misteriosos
en un mundo fantástico, irreal y lleno de belleza.
SLAVA FOKK,pintora Rusa nacida en 1976 que combina elementos del
posmodernismo y el simbolismo ruso.
MARIOLA PTAK,pintora polaca nacida en 1977 donde la mujer juega un papel
muy importante en todas sus pinturas.
BENJAMIN LACOMBE,iIlustrador francés nacido en París en 1982, sus obras tienen un toque de fragilidad, elegancia y melancolía dentro del mundo fantástico d elos cuentos de hadas. Sus obras se han centrado en el sector de los jóvenes pero también ha realizado libros ilustrados para adultos adaptando los Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe y la Historia de Nostre-Dame de París.
El día 16 de octubre de 1793, a la 10:30 de la mañana, el pintor David, cómodamente instalado en la terraza del café La Régence,
en la parisina calle de Saint-Honoré, realizó un apunte del natural de la Reina
María Antonieta camino del patíbulo. La llevaban sentada en una carreta e iba a
ser ejecutada tras más de un año de calvario. El dibujo representa a la
reina como un fantoche tocado con una ridícula cofia de fámula bajo la cual asoman
unos mechones de pelo lacio. En sus labios, crispados por la agonía, se muestran
aún, un orgullo que parece desafiar a la plebe. Es un apunte cruel, en el que el
artista quiso desposeer a su víctima de todo residuo de esplendor o hermosura,
mostrando en ella la fiera cautiva que ya no podría ejercer mas sus
perversidades. Para la multitud que la contempló ese día, María Antonieta era
la encarnación del mal; para muchos otros fue una reina mártir y un símbolo de
la majestad y la entereza. Aquel despojo que David vio pasar rumbo a cadalso
había sido, sin duda, una de las reinas mas bellas que tuvo Europa y la mas
primorosa joya de Francia.
Desde su nacimiento en 1755, María Antonieta, había sido
sumergida en la suntuosidad de la corte vienesa, rodeada de atenciones y
ternura. Su padre, el emperador Francisco I, la adoraba. La emperatriz María
Teresa, como el país entero, estaba embelesada con su hija y no podía negarle
ningún capricho. Sus tutores sufrieron mucho para enderezar su educación, era
muy rebelde a toda instrucción a pesar de estar destinada a casarse con un Rey.
Contrajo matrimonio con el delfín de Francia Luis en 1770 quién subió al trono
en 1774 con el nombre de Luis XVI.
María Antonieta fue considerada por los franceses como una
mujer frívola y voluble, de gustos caros y rodeada de una camarilla intrigante.
Pronto se ganó fama no solo, en la corte, sino entre sus súbditos de reaccionaria
y despilfarradora. Ejerció una fuerte influencia política sobre su marido,
ignoró la miseria del pueblo y, con su conducta licenciosa, contribuyó al
descrédito de la monarquía en los años anteriores a la Revolución Francesa. La
reina pagó todos sus excesos cuando un pueblo enardecido, hambriento y en la
mas inhumana pobreza se convirtió en una masa que clamó justicia. María
Antonieta, terminó sus días en una celda oscura, sin apenas aire respirable y
sin abrigo de la temidida Conciergerie.
La carreta desfiló ante los ojos de la multitud y de
Jaques-Louis David, el pintor de la Revolución. Ninguna imagen más expresiva,
ni más elocuente del enorme cambio que se había operado en ella que su famoso
dibujo: No hay parecido alguno entre aquella ruina humana que marcha al
encuentro de su destino y la mujer que había sido.
El día de su ejecución, mientras el populacho la abucheaba e insultaba, la reina María Antonieta, en su camino hacia la gullotina, se tropezo y pisó al verdugo y ella le dijo "Disculpe, señor, no lo hice a propósito".