Cuanta razón tenía Mae West cuando dijo "las chicas buenas van al cielo, las malas a todas partes” porque las chicas malas gustan mucho, muchísimo más. Las películas romanticonas excesivamente edulcoradas siempre nos venden que el chico se lo lleva la chica rubia virginal con sonrisa bobalicona cuyo sentido del humor y personalidad no llegan ni a la categoría de acelga hervida. Pero en la vida real son ellas, las malas las que se llevan a los hombres de calle, y cuando digo hombres, me refiero a los hombres de verdad no a los sucedáneos que nos muestran dichas pelis que no son más que meros “flojos” que no buscan una mujer sino una segunda madre de los cuide y los salve de todos los males.
A las chicas malas siempre se las representa más sensuales, más provocativas, más elegantes, más sofisticadas ¿De verdad alguien puede preferir a una Doris Day o una Julia Andrews que a una Rita Hayworth, Ava Garner o Lauren Bacall? Vamos que si te dan a elegir entre Gilda o la protagonista de Sonrisas y Lágrimas, es que no hay color.
Ellas siempre son más divertidas, más irónicas, más sarcásticas, más inteligentes, más listas, más pícaras, más de todo, y siempre una mala será más recordada ¿Alguien recuerda a la chica buena de Falcon Crest o Dinastia? Porque yo solo recuerdo a Angela Channing o aquella maravillosa Joan Collins en el papel de Alexis Carrington.
Visto lo visto, prefiero ser una chica mala porque son más deslenguadas, más irónicas, más ácidas, más sarcásticas, más maliciosas, más envidiosas, más peleonas y hasta malvadas entre ellas mismas. Pero a su vez también son más divertidas, más inteligentes, más alegres más todo y eso es preferible a una versión más azucarada, más correcta pero más sumamente aburrida de nosotras mismas.
Y como es preferible ser una chicha mala a una buena, y por ello espero verlos a todos ustedes en el infierno porque en el cielo... a mí que no me esperen.
El plató televisivo estaba listo hacía
más de una hora, los espectadores, traídos por dos autocares desde una ciudad
dormitorio de la capital, sin asientos libre desde el día anterior, rebosantes
de ciudadanos sin necesidad aparente ninguno de madrugar o acostarse pronto,
iban a presenciar en directo la realización del programa de mayor audiencia de
la televisión privada. El reality-show que más pagaba a su director y
presentador de todos los que competían a esa hora. Éste, anteriormente modelo
de segunda fila, ha hecho aparición en el anfiteatro de las gradas de asientos
del público fuera de antena entre grandes aplausos, para ir calentando su ego,
este preliminar autoagasajo se la dio un amigo psicólogo. Su idea del éxito es
poner siempre cara de buena persona durante el tiempo que es enfocado,
añadiendo algunos momentos donde parezca llorar, esos que tocan el tema más
delicado de la noches, o llama a la pena a todo el país cuando haciéndose el
compungido. Está siempre dispuesto para el chiste fácil, aunque últimamente
confía más en el ridículo de la caterva de invitados desquiciados que pasan por
su programa. Es el hijo que cualquier padre
que quisiera salir de pobre rápidamente, gustaría de tener en casa,
elegante sin llegar a insultar al pueblo, lengua rápida, homosexual y sobre su
difuso curriculum un contrato ya reconocido blindado que le permite construir
dos enormes mansiones al mismo tiempo en dos extremos del país. Además, al
final del programa de hoy, anunciará una donación, quitándole importancia y por
lo tanto dándosela, para una ONG famosa. Ha sido una idea genial de su
secretaria de producción, la rubia recién llegada, que se ha operado los pechos
para llenar la pantalla, y que mosquea al novio del famoso presentador por si
decide hacerse bisexual.
La sintonía del programa termina.
La mano del cámara baja, están en el aire.
Se escucha de repente una voz en
tono neutro y profundo, ensimismada, con algo que pareciese oscuro y no se
pudiera ver a simple vista.
- Cuando un hombre como yo, no
habla con nadie durante la semana, llamando a hablar al hecho de tener una
conversación sustanciosa sobre para que nos levantamos cada día. Cuando se ha
ido deshaciendo de los amigos, incluso aquellos cuya amistad escribía con
letras mayúsculas en un tiempo. Cuando voluntariamente vive en una habitación
durante casi todo el día sin ventanas, oscura, rodeado de ordenadores y rabias
bursátiles – la voz se le acelera -, comiendo sólo aunque existan compañeros, y
procurando no desenchufarse de esas malditas pantallas cuando recibes órdenes.
Cuándo ha dejado de creer en la mujer ideal con total seguridad – baja la voz
-, cuando aquello que llevado dentro no podrá llevarlo a cabo fuera – sube otra
vez su voz -, perdida toda meta en la vida y perdida también toda facultad de
poder amar – aparece una sonrisa en su rostro, y un breve devaneo sin control
de la mano derecha, quitándolo importancia -. ¿Por qué no va a desear entrar en
la última borrachera de la vida?
Apura el vaso que tenía la mesa
como simple decoración en un principio, degusta ante la cámara el líquido
abrasivo, atraviesa su garganta y llegar al estómago. El presentador del
programa no lo esperaba y deja pasar su primer comentario puesto en el guión.
El otro se levanta – nueva sorpresa para el equipo del programa – dirigiéndose
al público, sólo da unos pasos por el decorado.
Estos últimos días vemos los escaparates de muchas tiendas destilar amor al estar
adornados con infumables motivos amorosos en forma de corazón y mil y una
guirnaldas en color rojo y rosa. Todo ello orquestado para demostrar a nuestra
pareja, previo pago claro está, lo mucho
que la queremos, dando a entender que el amor que sentimos por alguien es
medido por el precio de su regalo; cuanto más caro es el regalo más amados nos
sentimos…
El amor que se nos intentan vender
en estas fechas es un amor pasteloso e infantil
como el que se nos muestra en muchas de las películas y series de tinte
romántico. Casi se nos obliga a enamorarnos de una persona pluscumperfecta, mal
llamada nuestra media naranja, que casi siempre suele ser el reflejo de aquello
que queremos ser. Es una persona tan ideal que roza lo irreal, vendiéndonos el
mensaje que si no la encuentras nunca serás feliz, que todas las relaciones que
inicies que no sean con esa persona están abocadas al fracaso ya que sólo ella
te hará feliz. Y si tienes la suerte de
encontrarla debes hacer lo imposible para mantenerla a tu lado, aunque algunas
de tus acciones supongan una humillación hacia tu persona. Por amor todo debe
ser perdonado, ya que el amor todo lo
redime, y nada importa, aunque la
persona idealizada sea un lastre para nosotros… pero da igual lo que uno se
arrastre por esa persona, incluso con la certeza que no nos ama ya que tal y
como nos enseñan las películas y los folletines románticos… quien la sigue la
consigue. Sólo debemos hacer memoria de
las absurdas situaciones planteadas por las películas y series románticas,
quien no recuerda las humillaciones a las cuales se somete voluntariamente Bridget
Jones para conseguir la atención de su jefe, o lo moderna que se nos presenta a Carrie Bradshaw, la protagonista
de la serie Sexo en Nueva York, cuando su máxima en la vida gira entorno a unos
zapatos caros de tacón y casarse con el
hombre al que ella considera como perfecto, sólo por su miedo atroz a quedarse
sola.
Y qué decir de los folletines románticos que están tan en boga entre el
público femenino, como la joven protagonista de la 50 sombras de Grey que es capaz de someterse a la voluntad sexual de un
hombre, tan sólo por conseguir su supuesto
príncipe azul que sólo la ama si se somete a su voluntad, vendiéndonos que si haces eso, a la larga, el será tuyo, que tu amor lo
redimirá de todo mal, pero mientras, haz
lo que él te ordena, sino te dejará. Si
uno se para a pensar en el mensaje
que nos venden este tipo de libros llega a la conclusión que no es muy
diferente al que plantea el libro “Cásate
y se sumisa” que tantas críticas ha desatado desde su publicación. Pero ¿Quién ese Valentín a quien honramos en esta fecha? Hay dos versiones sobre su leyenda. En la
primera se trata de un sacerdote romano que acompañaba a los cristianos apresados
durante las persecuciones contra los practicantes de esta fe y que habían sido condenados a martirio y
muerte.
La otra versión nos presenta a San Valentín como un sacerdote que contraviniendo la prohibición de
las autoridades romanas que los jóvenes soldados contrajeran matrimonio al considerar
que estos serían mejores combatientes sin tener ningún tipo de atadura
familiar, casaba en secreto a las jóvenes parejas por el rito
cristiano. Cuando fue descubierto, fue sometido a martirio y finalmente
ejecutado.
A pesar que a finales del S.V la Iglesia Católica recogió las leyendas
sobre San Valentín conmemorando su festividad del 14 de febrero, fecha en la
que data su muerte, desde un principio se puso en duda la veracidad de su
existencia. La idea de asociar el amor
romántico con la figura de este heroico y legendario santo fue forjándose durante
la Edad Media siendo la primera referencia a San Valentín como patrón de amor
en el siglo XIV, en el poema del
escritor británico Geoffrey Chaucer “El
parlamento de las aves”. Con el paso de los siglos su historia fue adornándose
con más y más elementos fabulosos que han llegado hasta nuestros días. La poca fiabilidad de su existencia hizo que
en 1969 la Iglesia Católica lo excluyera de su calendario, en un intento de
eliminar del santoral a aquellos santos de origen legendario y fabuloso. La tradición del Día de los enamorados se inició en el S. XIX en los países
de origen anglosajón donde las parejas comenzaron a intercambiarse postales con
mensajes amorosos el día 14 de febrero,
el día de la onomástica de San Valentín. La culpable de la existencia y
popularización de estas infumables tarjetas es Esther Howland una
artista y empresaria de EE.UU que a mediados del S. XIX comenzó a vender en
masa estas tarjetas. Poco después, a la costumbre de regalar este tipo de
postales se la añadiría la de regalar a la pareja otros regalos como rosas,
joyas o bombones.
Esta tradición anglosajona se fue extendiendo por el resto de países durante
el S. XX, jugando un papel muy
importante la publicidad y el comercio que globalizaron la figura de San
Valentín y todo el simbolismo que lo rodea como patrón de los enamorados y de
todos aquellos que pretendían estarlo institucionalizando el día 14 de febrero como
el día del amor comercial por antonomasia incentivando a todo aquel que está
enamorado en demostrar su amor al otro mediante la compra de un regalo. En España esta fiesta comenzó a celebrarse a
mediados del S. XX, con el único objetivo de incentivar la comprar de regalos,
las malas lenguas dicen que esta festividad fue introducida por la cadena de
grandes almacenes Galerías Preciados.
Viendo que todo lo que gira en torno al día de los enamorados únicamente
tiene un carácter consumista y comercial, mejor no demostrar nuestro amor al
ser querido con un regalo absurdo y de dudoso gusto en este día, mejor demostrárselo día a día con gestos,
palabras y acciones que demuestren lo que de verdad sentimos ya que no todo se
compra con dinero, un pequeño gesto en un día cualquiera demuestra más que un
gran regalo que por obligación consumista se ha comprado.
La novela de León Tosltoi, "Guerra y Paz" está considerada una de las mejores novelas de la literatura mundial, y por ello ha sido llevada a la gran pantalla sendas veces. La primera película que se hizo sobre la novela es una adaptación
rusa de 1915, dirigida por el actor y director ruso Vladimir Gardin. También existe una versión japonesa de 1947, pero quizás la más conocida es la película “Guerra
y Paz” de 1956, dirigida por King Vidor, director de "Duelo al Sol" que aceptó el reto por la admiración que tenía por la obra original. El trio protagonista lo forman tres estrellas de Hollywood, Audrey Hepbrun que interpreta a Natasha Rostova, Henry Fonda como Pierre Bezuchovy y Mel Ferrer que se pone en la piel de Andrei Bolkonski. El resto de repertorio lo componen grandes actores como John Mills,
Vittorio Gassman, Anita Ekberg, Herbert Lom, y Fernando Aguirre. La adaptación
que hizo Hollywood de “Guerra y Paz” poco tiene que ver con la novela de
Tolstoi, al tratarla como una película bélica con tintes de folletín romántico, sin plasmar la radiografía que la novela hace de la sociedad rusa. Para el rodaje de las escenas bélicas se utilizaron miles de extras, muchos de ellos soldados del ejército italiano y fue necesario la contratación de 65 médicos para atender a los posibles lesionados. Durante el rodaje los médicos vagaban por el ficticio campo de batalla disfrazados de soldados para atender a todos que pudieran resultar heridos. Por su actuación en la película, Audrey Hepbrun cobró 350.000 dólares, el sueldo más alto hasta entonces pagado a una actriz, cantidad que hoy nos puede parecer irrisoria por las extratosféricas cantidades pagadas en la actualidad. Al papel protagonista optaron Gregory Peck, Peter Ustinov y Marlon Brando. Éste último rechazó la oferta al negarse a trabajar con Audrey Hebrun, Ustinov era el actor que quería el director, y Peck la petición personal de Hepbrun, pero al final los productores impusieron a Henry Fonda para interpretar el papel de Pierre Bezuchov. A pesar de ser
una de la películas más caras de su época, la gran interpretación de Audrey
Hepburn, y lo exquisito de su vestuario, diseño y
ambientación,la película no tuvo el éxito esperado, exceptuando los países de influencia soviética, donde tuvo una arrolladora acogida. La película tuvo tres nominaciones a los Oscar, al mejor director, a la mejor fotografía y al mejor vestuario.
Mi
novela favorita es Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós, sé que no es la mejor novela jamás escrita pero
en esto de los gustos muchas veces se interceptan sentimientos y se asocian con
recuerdos íntimos de la vida privada que nos enturbian la razón de la verdad
objetiva pero no se pueden evitar o al menos yo no quiero dejarlos atrás y por
eso aunque mantengo la salvedad del gusto propio, reitero que para mí es mi
libro preferido, la habré leído ya varias veces, he perdido la cuenta, antes
una vez al año solía caer y nunca he dejado de pensar o mejor dicho de sentir
la belleza que me inspira el libro.
Sin
embargo cuando pienso en Fortunata y Jacinta lo más curioso es que lo primero
que me viene a la mente no es un libro, es una serie de televisión porque para
mí no fue primero el libro y luego vi la película o simplemente me limité a ver
la película, para mí el origen de todo estuvo en una serie de televisión que se
hizo allá por el lejano año 1980 y que a mí aunque tenía menos de 10 años me
resultó maravillosa y fantástica.
La
monumental novela de Galdós fue llevada a la pantalla por el director Mario
Camus, director, también entre otras grandiosas
películas como Los santos inocentes, La casa de Bernarda Alba o La colmena. En
aquella época la televisión aún tenía intenciones, esperanzas o ganas no sé
como llamarlo, de llevar la cultura hasta cada casa y una de las maneras que se
propusieron fue la adaptación de grandes obras de nuestra literatura. No sé de quien
fue la idea de que la dirigiese Camus, sólo sé que el director cántabro estaba
encantado con el proyecto porque suponía un gran reto y le gustaba lo que
significaba de aprendizaje nuevo del oficio de director y porque siempre ha
sido un amante de la buena literatura.
Esta
asociación dio como fruto una serie o incluso para algunos una película muy
extensa porque el resultado fue de una excepcional calidad tanto en la
dirección como en la fotografía, puesta en escena, música y sobre todo fue
magistral en las actuaciones. Mario
Camus , en colaboración, llevó a cabo el
guión; un guión que resultó bastante
fiel a la novela al menos en la medida de lo posible, en una traslación a la
pequeña pantalla de la novela.
Además
también estuvo a su cargo de la elección de los actores de la obra. Y éste es a
mí parecer uno de los más grandes aciertos del director. Así, a lo largo de la serie vemos desfilar toda una
serie de inmensos actores, algunos veteranos, otras ya consagrados, otros
jóvenes promesas, pero todos o casi todos, son perfectos trasuntos de sus personajes. Está
claro que la dirección que llevó a cabo Camus, eligiendo o destacando un
aspecto de las personalidades más o menos complejas de las figura, o las
indicaciones que supo transmitir a sus actores fueron claves, pero esa elección
dentro del panorama tan rico de la escena española de entonces fue difícilmente
insuperable.
Es
cierto también que los actores supieron dar lo mejor de sí en sus trabajos. Y
es que esto no podía ser de otra manera cuando aún permanecían entre los
mortales, actores de la talla de Fernando Fernán Gómez, Mari Carrillo, Manuel
Alexandre, Francisco Rabal o María Luisa Ponte. Así mientras vemos la serie no
hay más remedio que quedarnos con la boca abierta ante ese despliegue de
talentos y dar las gracias al director santanderino por reunir a ese elenco de
genios.
La
novela de Galdós, y por extensión la serie televisiva, tiene como tema principal un triángulo amoroso.
La historia relata los amores de Juanito Santa Cruz, hijo único de una familia
de adinerados burgueses comerciantes, su esposa Jacinta, procedente del mismo entorno social y la que será su amante en
diferentes etapas, Fortunata, de un extracto social inferior, al que en la
novela se alude como de pueblo, y lo que
hoy llamaríamos proletariado, pero como la novela transcurre durante el tercer
cuarto del siglo XIX esta denominación no resultaría correcta, y también porque
las diferencias de clases en la época eran mucho más diferentes entonces de lo
que fueron después, y de lo que son ahora. Pero no os sé decir si esas
diferencias entre ricos y pobres no serán mucho más abundantes y sangrantes que
en la época de la novela en los tiempos que nos quedan por vivir.
Aunque
Juanito sea el eje vertebrador de la novela,
por un lado por ser el vértice que concentra los dos amores de los
personajes femeninos, y por otro lado por ser una figura que simboliza en
Galdós el típico burgués, el típico español medio de la época, en un momento en
que en España lo mismo había una revolución que la más profunda apatía social,
un gobierno de derechas que de izquierdas, tan de izquierdas como podían ser
los gobiernos en 1875. De ahí que este niño mimado a lo largo de la novela vaya
dando bandazos, lo mismo estudiante aplicado que jovenzuelo frívolo, lo mismo
adúltero desconsiderado y egoísta que amante simpático y tierno, lo mismo
arrepentido pero de nuevo vuelto a caer en la deshonestidad, aunque como
decíamos sea uno de los protagonistas, las verdaderas protagonistas son las dos
mujeres que dan título a la novela: Fortunata y Jacinta.
Jacinta
está interpretada por la actriz Maribel Martín, esta actriz no se ha prodigado
mucho por las pantallas, lamentablemente porque me parece una actriz muy bella
y que aquí hace un estupendo trabajo como la sufrida mujer de Santa Cruz, ella
representa el orden al que su díscolo marido vuelve después de los levantamientos,
es además la personificación de la maternidad frustrada, y estos dos aspectos
relevantes del carácter de Jacinta, Maribel Martín supo representarlos con
espléndida solvencia, personifica excelentemente la dulzura del personaje, cómo
es capaz de ver más allá de los convencionalismos y ponerse en el lugar del
otro, es llamada ángel en más de un momento de la novela porque ella será en
parte la encarnación al final de la novela de un posible acercamiento, de una
probabilidad de futuro en armonía entre el pueblo y las clases altas. Esto es
naturalmente cuando Galdós aún creía en la burguesía. Fortunata,
encarnada por una Ana Belén, a mi modo
de ver magnífica en su papel de mujer de pueblo, es mi personaje favorito, no
aparece en la novela hasta bastante tarde y la vamos conociendo muy poco a
poco, sobre todo a partir de recuerdos de Santa Cruz que le obliga a revivir su
mujer, sin embargo de personaje secundario se convertirá en auténtica
protagonista, de ser un típico arquetipo de mujer de pueblo, primitiva y en
cierta medida salvaje, la heroína irá creciendo, cambiando a medida que el
entorno, las gente,s y sobre todo los hombres con los que por necesidad tenga
que convivir la modifiquen, así, de verla como un ser unívoco de una sola cara
la veremos enriquecerse, convertirse en un ser humano de carne y hueso al que
comprendemos en sus aciertos, sus desvaríos y sus delirios porque Fortunata o
Ana Belén nos los irá transmitiendo, tal vez se podrá decir de esta actriz que
le falta un grado por debajo en la escala de lo primitivo pero creo que esa
tibieza de los inicios se verá compensada por lo bien que la actriz sabe
llevarnos por sus encendidos delirios amorosos de la última parte, la explosión
final cuando decide enfrentarse con su adversaria en amores y no me refiero
curiosamente a Jacinta, es suficientemente ardiente como para compensar esa
frialdad inicial. Es un personaje magnífico, una de las primeras veces en que
el pueblo es retratado desde dentro, entendiéndolo porque el autor se ha metido
en su mente y ha vivido sus vidas y Ana Belén lo hace magníficamente.
Al
lado de estos personajes hay otros secundarios pero que en una novela de esta
magnitud tienen una importancia clave. Así tenemos a Evaristo Feijoo,
interpretado por el gran Fernán Gómez, será uno de los hombres que pasan por la
vida de Fortunata, intentará inculcar a su amante su manera de ver la vida, lo
que él llama filosofía práctica, que no
es otra cosa que intentar vivir con sensatez, que este personaje intenta poner
en práctica en todo momento, al menos hasta que conoce a Fortunata de la que se
enamora a una edad ya avanzada y con la que no duda en convivir, intentando
aplicar su modo de vida a esta nueva situación sin darse cuenta de que ha
dejado un resquicio a la falta de sentido común al enamorarse ya mayor de una
mujer mucho más joven. La naturaleza se impondrá y no servirán de nada todas
sus prevenciones y sus astucias, la vejez le alcanzará de pleno, y la senilidad
se apoderará de él. El tema de la lucha del hombre por imponerse a la
naturaleza y como ésta sale vencedora será capital para todos los escritores
decimonónicos.
María
Luisa Ponte, actriz por la que yo siento especial debilidad, hace de Doña Lupe,
suegra durante un periodo de Fortunata, éste personaje parece hecho a medida
para la Ponte, especializada como nadie en personajes de carácter fuerte e incluso llegando a ser odiosos. En este
caso la madre política de la protagonista tiene uno de esos defectos que a mí
me resultan especialmente desagradables, el de creer poseer siempre la razón y lo que es peor, intentar convencer a los demá,s a toda costa, de su verdad. Además es un ser bastante
mezquino, una usurera con pocas entrañas que prima sobre todo el dinero y la
posición social. María Luisa Ponte bordaba estos papeles de mala y los hacía
tan ricos en matices que te atrapaban aún a pesar del instintivo
distanciamiento que sería lo que correspondería. Era la Bette Davis española. O
Bette era la Ponte americana.
Y
por supuesto tenemos a otros actores menos conocidos pero que merecen también
mención por su esencial aportación, por ejemplo, otro actor que a mí me gustó
mucho desde ese momento, es Manolo Zarzo.
En la serie interpreta a Ballester, otro de los hombres de la vida de Fortunata,
caracterizado entre otras cosas por su gran corazón. Éste actor hizo una
interpretación tan fiel que nunca he podido leer la novela sin imaginarme a
este personaje con la cara de Manolo Zarzo. Otro actor que es imprescindible
citar es Mario Pardo, el tímido y enfermizo marido de Fortunata, encarna con
gran maestría al enamorado que llega a enloquecer de deseo; Charo López es la
amiga alcoholizada de la heroína, ella sí es salvaje y ordinaria, quiere a
Fortunata pero sobre todo adora el alcohol que la tiene atrapada y será su ruina.
Y así podríamos seguir y seguir porque cuesta no mencionar a Luis Ciges como
Ido del Sagrario, a Berta Riaza como Guillermina, y a tantos, y tantos otros porque hasta los personajes que
a priori pudieran parecer más insignificantes consigue Galdós por mediación de Mario Camús hacerlos inolvidables. Ahora me acuerdo de la monja enana que ayuda
a Charo López con su síndrome de abstinencia y la adicta le llamaba palabras
cariñosas para seducirla y que le trajese aunque fuese un dedalito del maldito brebaje
que la tenía embrujada: cañamón, cañamoncito, le soltaba pero a la otra le
hacía gracia y allí iba hasta ella andando con su pata de palo tic tac tic
tac.... y es que todos los personajes desde el primero hasta el último se
quedan contigo para siempre.
Dejando
de lado los actores, es significativa la fotografía, que crea fantásticos
bodegones o se recrea en escenas costumbristas; la música también es reseñable,
así lo mismo se mezclan sonidos orquestales con música de organillo, la puesta
en escena y la ambientación están excelentemente conseguidas, tanto los
interiores con sus puntillas, sus bordados, sus largos pasillos de las antiguas
casas de familia bien, hasta los exteriores en escenarios naturales del Madrid
de la época.
No
había vuelto a ver la serie desde que la estrenaron en televisión y cuando me
la compré en DVD temí que se hubiese quedado anticuada, los primeros momentos
me hicieron pensar que mis sospechas se cumplían, esa música tan propia de las
producciones españolas de la época de la transición, el ritmo tan pausado en
que se desenvuelven los personajes, los colores tan propios de los ochenta pero
poco a poco la serie te rodea, te envuelve y te atrapa, y te imaginas como un personaje más, por la
cava de san Miguel, la plazuela de Pontejos o en la plaza mayor creyendo ver a
lo lejos a Feijoo más envejecido que nunca, consolando a Jacinta porque llora
al no tener hijos o buscando tras una esquina a Fortunata que camina distraída con la mente en su único
amor Juanito Santa Cruz.
Camus
cayó rendido ante la novela de Galdós y con esta gran serie nos dio su versión
de lector enamorado. A mí como espectadora me enamoró también, completando el
círculo que se había propuesto el director. Deseo que si os decidís a verla a
vosotros os suceda también, si os ocurre decirle a Fortunata que no merece la
pena que llore por el galán de Juanito y saludarla de mi parte. Allí nos
veremos.
Autor: Gacela
“¡Andar
así, llevados en las alas del tren, que algo tiene siempre para las almas
jóvenes de dragón de fábula, era tan dulce, tan entretenido...!”
“Cuerpos especiales” (2013) protagonizada
por Sandra Bullock es una película cuya
principal virtud, y la única, que dirían algunos, es la del recuerdo. Mientras
la ves, surgen las evocaciones de tiempos pretéritos, concretamente de los años 80, y de aquel subgénero que triunfó
popularmente, el de las películas de
parejas de policías que se enfrentaban a la resolución de un caso especialmente
complicado. Estas películas tenían siempre el
mismo esquema previo, dos seres completamente diferentes que se veían obligados por las circunstancias a trabajar juntos. El hecho de ser totalmente diferentes
hacía que se complementaran y eso les ayudaba a resolver el caso. Además, por
añadidura, se les solucionaba, aunque
fuese levemente, algún aspecto problemático de sus vidas privadas, y al final acaban convirtiéndose en los mejores amigos, e incluso en hermanos para
siempre. “Cuerpos especiales” es sólo una más, en cierta medida homenaje, en cierta manera otra vuelta de tuerca con la diferencia que, esta vez, las protagonistas son dos mujeres policías, en definitiva, una manera de aprovecharse de nuevo de algo que se sabe que funciona.
Este esquema se repitió en los
80’s y en los 90’s hasta la saciedad sólo que incluyendo variantes en la ecuación que aportaban alguna novedad, y por ende, seguían entreteniendo que era lo que importaba. El asunto podría haber empezado con “Límite 48
horas” (1982) con Nick Nolte y Eddie
Murphy como variables de la ecuación, un
policía blanco y un delincuente negro. Las constantes un caso especialmente intrincado y peligroso, y que también alcanza generalmente a sus vidas privadas, la muerte de un compañero era un
tema muy socorrido. Y junto a eso y aportando habitualmente una nota de humor
estaban las diferencias de carácter o de situación ante la vida; y que mayores
extremos que un policía muy duro, aún estaba muy presente la figura de Harry
el Sucio como el referente de agente de la ley, y frente a él
un presidiario, un delincuente habitual
de vida disoluta pero que, a pesar de ello, parecía
disfrutar más de la vida y tomarse las cosas con más filosofía que el
duro policía. Naturalmente al final el policía ayuda al delincuente con sus
problemas con la ley, y el delincuente colabora
para que el otro protagonista vea la vida con más optimismo.
Habría que esperar a 1987 para
que el esquema se repitiese con éxito, con mucho éxito, tanto es así que se
convirtió en una saga y se hicieron hasta cuatro películas más con el mismo
título, nos estamos refiriendo a “Arma letal” (1987) con Mel Gibson y Danny
Glover, ahora sí dos policías pero con formas de vida totalmente diferentes. Danny Glover representaba al padre de familia
típico con esposa, varios hijos y una vida burguesa y conservadora que no
quería que nada cambiase, mientras que Mel Gibson era el bohemio que vivía en
una caravana, lloraba la pérdida de su esposa y era autodestructivo. Al
tocarles trabajar juntos Mel ponía
continuamente en peligro y al límite a su acomodado amigo, y Danny conseguía
con muchos apuros introducir algo de cordura en la vida de su chiflado
compañero.
A continuación llegaron como un
río caudaloso un montón de películas del
mismo tipo, todos los que eran actores famosos en ese momento quisieron
subirse al carro de aquel filón tan resultón. Arnold Schwarzenegger hizo “Danko,
calor rojo” (1998) junto a James
Belushi, hermano de John Belushi intérprete de The Blues brothers. En este caso
el antiguo míster Universo hacía de policía de la antigua URSS que se veía a
obligado a viajar a EE.UU y trabajar con
James Belushi, que representaba a un policía americano típico, bueno, típico de
Hollywood claro. Y naturalmente, si
Schwarzenegger había tocado el tema, también tenía que hacerlo Silvester Stallone que hizo junto a Kurt Russell “Tango y
Cash” (1989). En este caso las diferencias entre ambos protagonistas no eran
tan extremas; los dos eran policías, la
diferencia estribaba en sus caracteres y en la manera de enfrentarse a los
delincuentes.
Clint Eastwood también aportó su
personalidad y su manera de actuar a este tema, así hacía de policía ya machucho que le toca trabajar con un novato, un jovencísimo Charlie Sheen en la
película “El principiante” (1990) . Michael J. Fox también estuvo ahí con “Colegas a la
fuerza” (1991) donde hacía de un actor que quería meterse en la piel de un policía
para poder interpretarlo con mayor verosimilitud, su modelo a seguir era
James Wood que representaba a un policía clásico que sufría el método
Stanislavsky de su histriónico compañero eventual.
Las diferencias entre los
personajes principales se hicieron muchas veces extremas así lo vemos en “Alien nation” (1988), donde el compañero más extraordinario era nada menos que un
extraterrestre. Curiosamente esa era la principal diferencia entre los policías
porque a la hora de la verdad había una gran similitud de caracteres y de
maneras de enfrentar el trabajo policial. Otra pareja también atípica era
la de la película “Superagente K9” (1989). En este caso James Belushi estaba acompañado por un actor
menos famoso, se trataba de un perro, concretamente un pastor alemán, que
acababa resultando más humano que con los que compartía la genética el policía
humano.
Y así podríamos seguir no
infinitamente pero sí un larguísimo tiempo con Will Smith en “Dos policías
rebeldes” (1995) , con Jackie Chan en “Hora punta” (1998), e incluso con Woopie Goldberg en la película “Theodore Rex” (1995) acompañada de un policía dinosaurio, pero creo
que este último es más producto de una pesadilla o eso espero por el bien de nuestra
salud mental.
Autor: Gacela
“Eh! corta el rollo quieres
amigo! los dos sabemos por que he sido transferido, todo el mundo cree que soy
un suicida, lo cual me jode porque nadie quiere trabajar conmigo, o creen que
finjo para cobrar la pensión, lo cual me jode porque nadie quiere trabajar conmigo.
Resumiendo estoy jodido”.
6 de agosto de 1876, hace dos meses que llegué al infierno llamado Deadwood, en las Black Hill, como muchos otros miles en busca de
fortuna, en busca de oro. Hoy hace 4 días que Wild Bill Hickok fue asesinado por la espalda, y como yo, toda la ciudad le rindió tributo en el entierro celebrado por su único amigo Charlie Utter, mientras Calmaty Jane ahogaba su
pena en litros de alcohol.
Salgo del hotel y camino hacia el Gem, pero hoy no quiero ni
putas, ni juego, ni alcohol, hoy quiero una cosa que sólo él puede
conseguir. Al salir del hotel dirijo mi mirada a la ventana de la habitación de
Alma Garret, ve la vida pasar a través de ella, ese es su único pasatiempo, a
parte de su dosis diaria de láudano que la evade de su monótona vida, pero lo
que ella no sabe es que pronto eso va a cambiar.
Mientras sigo mi camino, noto la presencia de alguien que me
sigue, no hace falta que gire la cabeza para saber quien es, su pestilente olor
lo delata, E.B. Farnum, el director del hotel, ahora él sabe que voy para allá.
En mi camino me cruzo con Doc, esta vez no ha podido hacer nada por la vida de ese
desgraciado cuyo cuerpo servirá de alimento para los cerdos de Wu, el siguiente
puedo ser yo. Saludo a Merrick el dueño del periódico de la ciudad y en el
balcón de su burdel veo a Cy Tolliver, acompañado de Joanie Stubbs, su mirada
está ausente, lo único que ella quiere es escapar de Cy, pero él se lo impide,
la compró, es suya, lo que ella piense no importa, lo que quieran las putas no
tiene importancia, son sólo putas, una cosa más con la que ganar dinero.
Veo que Sol Star está abriendo su comercio, intento
esconderme de él, pero es en vano, me ve y me para. y me pregunta si voy a verle, le
digo que si. Me recomienda que espere a la llegada de Seth, pero lo que quiero,
lo quiero ahora y sólo él puede dármelo.
He llegado al Gem, Jhonny me abre la puerta, desde la barra,
Dan me observa; observa cada uno de mis pasos, de mis movimientos, si algo no le gusta puedo darme por muerto. Jewel barre el suelo arrastrando su pierna y Trixie se me
acerca y me pregunta si quiero pasar un agradable rato, le digo que ahora no,
quizás en otro momento; no me fió de ella, no sería el primero que no saliera
enteró de su habitación.
Pregunto por él y Dan me responde arriba, en su despacho; subo
las escaleras, me tiemblan las piernas y llamó a su puerta. Se oye un adelante,
abro la puerta, él está de espaldas mirando por la ventana, tomando su café,
como cada mañana. Observa todo aquello que pasa en sus dominios, él mueve los
hilos, todos somos sus marionetas, nada pasa por alto a los ojos de Al
Swearengen. Al se da la vuelta y me mira con su mirada azul, fría y desafiante,
una mirada que te deja helado, petrificado, sin habla. Él ya sabía que yo venía, él sabe lo que quiero, huele mi miedo y sonríe. Ya no hay vuelta atrás y sólo
puedo pensar que debí seguir el consejo de Sol, esperar la llegada del Sheriff,
el Sheriff Seth Bullock, pero yo tenía prisa y él estaba a la caza de Jack
Mccall, el asesino de Hickok. Hoy puede ser mi último día, mi último día en el
Infierno, en el infierno de Deawood.
Apuntes sobre la serie
Deadwood es una serie estadounidense que se emitió en la
cadena HBO entre los años 2004 y 2006, consta de 3 temporadas de 12 episodios cada una
de ella. Está ambientada en la década de 1870, en el pueblo minero de Deadwoood
(Dakota del Norte), situado en las Black Hills, lugar sagrado para los indios Siox, la propiedad de la cual les fue cedida, pero que los blanco ocuparon ilegalmente a causa
del descubrimiento de la existencia de oro en esas montañas. Este hecho atrajo
como un imán a toda clase de gentes, aquellos que buscaban hacerse ricos
rápidamente, bandidos, empresarios, exsoldados, obreros chinos, prostitutas,
pistoleros, tahúres, asesinos, comerciantes.... nos relata el auge y el desarrollo
de esta ciudad minera, nos cuenta la verdadera historia de la Fiebre del Oro, nos
da una visión realista de lo que conocemos como el Salvaje Oeste, fuera de los
artificios y estereotipos edulcorados que nos venden en la mayoría de westerns.
En ella aparecen personajes
históricos, como Seth Bullock, Wild Bill Hickok, Sol Star,
Calamity Jane, Wyatt Earp, Charlie Utter, George Hearst.... y juntos a otros
personajes ficticios dan vida a la historia de la cuidad. No hay personajes
malos, malísimos ni los buenos rozan la de
celestialidad, Al Swearengen con su rol
de malo despiadado tiene detalles que enternecen al espectador,
mientras que Seth Bullock, en su papel de héroe, es capaz de tener unos
gestos de una crueldad y brutalidad extrema.
La búsqueda del oro, el sexo, el juego, la amistad interesada, las
drogas, el alcohol, la corrupción, la prostitución, el amor… todo se muestra
tal y como fue, sin tapujos, mostrando la crudeza de la realidad vivida.
Deawood fue muy laureada por la crítica, ganando 8 Emmy y un Globo de
Oro. Pero a pesar de su brillantez, de
las magistrales interpretaciones de los actores y de la magnífica recreación histórica, fue
cancelada en su tercera temporada, haciendo que no tuviera un final cerrado. Se
intentó hacerlo mediante dos películas, pero ningún proyecto llegó a buen puerto.
"El dolor o el daño no acaban con el mundo. Tampoco la desesperación o las malditas palizas. El mundo se acaba cuando mueres. Hasta entonces, hay más castigo para ti. Aguántalo como un hombre... y devuelve un poco".