Tú que naciste desde el consenso
y que fuiste votada por una acaparadora mayoría de la población y que en tu
articulado estableces que las leyes y las normas deben estar supeditadas a ti
como máximo garante de nuestro ordenamiento jurídico, vemos, como un día sí, y
otro también, los que nos gobiernan retuercen tus principios mediante la
promulgación de leyes únicamente dirigidas a satisfacer sus propios intereses, olvidando que gobiernan y
legislan en pro de todos los ciudadanos y no sólo para unos cuantos, no sólo
para aquellos que les votaron, no sólo a
los cuales les deben algún tipo de rédito político.
¿Has visto lo que están haciendo
con los derechos fundamentales que tú nos garantizas? ¿Sabes que lo pretenden
hacer con el derecho a la libertad de expresión y difusión de pensamientos,
ideas y opiniones? Supongo que no te has enterado que el pasado 1 de julio aprobaron
la Ley Orgánica de protección de la seguridad ciudadana únicamente
dirigida a restringir el derecho de
manifestación y de libertad de expresión mediante sanciones pecuniarias
desorbitadas, sustituyendo el miedo a la cárcel por expresarnos, por el miedo a
la ruina económica.
Seguro que tampoco sabes que se
ha aprobado una ley de tasas judiciales que entorpece el acceso a la justicia
gratuita y que han vaciado de contenido del principio de justicia universal del
cual tu siempre fuiste bandera y que a partir de ahora los jueces españoles ya
no podrán perseguir crímenes contra la humanidad fuera del territorio nacional.
Que debido a las múltiples interferencias de los gobernantes y sus políticos
acólitos en muchos de los casos judiciales por corrupción se está pervirtiendo
el principio de independencia judicial.
Que poco a poco, ley tras ley,
decreto tras decreto, resolución tras resolución, y en algunos casos en la
letra pequeña del BOE, están
finiquitando el Estado del bienestar que tú garantizas a lo largo de tu
articulado. Que quieren acabar con la enseñanza libre y gratuita, con un
intento de imponer de una determinada ideología en el temario, con más recortes
en los ya exiguos recursos de la enseñanza pública y con la imposición de unas
elevadísimas tasas universitarias que harán, como en los tiempos del blanco y
negro, que sólo los hijos de los pudientes puedan acceder a una titulación
superior.
Cuanta razón tenía Mae West cuando dijo "las chicas buenas van al cielo, las malas a todas partes” porque las chicas malas gustan mucho, muchísimo más. Las películas romanticonas excesivamente edulcoradas siempre nos venden que el chico se lo lleva la chica rubia virginal con sonrisa bobalicona cuyo sentido del humor y personalidad no llegan ni a la categoría de acelga hervida. Pero en la vida real son ellas, las malas las que se llevan a los hombres de calle, y cuando digo hombres, me refiero a los hombres de verdad no a los sucedáneos que nos muestran dichas pelis que no son más que meros “flojos” que no buscan una mujer sino una segunda madre de los cuide y los salve de todos los males.
A las chicas malas siempre se las representa más sensuales, más provocativas, más elegantes, más sofisticadas ¿De verdad alguien puede preferir a una Doris Day o una Julia Andrews que a una Rita Hayworth, Ava Garner o Lauren Bacall? Vamos que si te dan a elegir entre Gilda o la protagonista de Sonrisas y Lágrimas, es que no hay color.
Ellas siempre son más divertidas, más irónicas, más sarcásticas, más inteligentes, más listas, más pícaras, más de todo, y siempre una mala será más recordada ¿Alguien recuerda a la chica buena de Falcon Crest o Dinastia? Porque yo solo recuerdo a Angela Channing o aquella maravillosa Joan Collins en el papel de Alexis Carrington.
Visto lo visto, prefiero ser una chica mala porque son más deslenguadas, más irónicas, más ácidas, más sarcásticas, más maliciosas, más envidiosas, más peleonas y hasta malvadas entre ellas mismas. Pero a su vez también son más divertidas, más inteligentes, más alegres más todo y eso es preferible a una versión más azucarada, más correcta pero más sumamente aburrida de nosotras mismas.
Y como es preferible ser una chicha mala a una buena, y por ello espero verlos a todos ustedes en el infierno porque en el cielo... a mí que no me esperen.
Estos últimos días vemos los escaparates de muchas tiendas destilar amor al estar
adornados con infumables motivos amorosos en forma de corazón y mil y una
guirnaldas en color rojo y rosa. Todo ello orquestado para demostrar a nuestra
pareja, previo pago claro está, lo mucho
que la queremos, dando a entender que el amor que sentimos por alguien es
medido por el precio de su regalo; cuanto más caro es el regalo más amados nos
sentimos…
El amor que se nos intentan vender
en estas fechas es un amor pasteloso e infantil
como el que se nos muestra en muchas de las películas y series de tinte
romántico. Casi se nos obliga a enamorarnos de una persona pluscumperfecta, mal
llamada nuestra media naranja, que casi siempre suele ser el reflejo de aquello
que queremos ser. Es una persona tan ideal que roza lo irreal, vendiéndonos el
mensaje que si no la encuentras nunca serás feliz, que todas las relaciones que
inicies que no sean con esa persona están abocadas al fracaso ya que sólo ella
te hará feliz. Y si tienes la suerte de
encontrarla debes hacer lo imposible para mantenerla a tu lado, aunque algunas
de tus acciones supongan una humillación hacia tu persona. Por amor todo debe
ser perdonado, ya que el amor todo lo
redime, y nada importa, aunque la
persona idealizada sea un lastre para nosotros… pero da igual lo que uno se
arrastre por esa persona, incluso con la certeza que no nos ama ya que tal y
como nos enseñan las películas y los folletines románticos… quien la sigue la
consigue. Sólo debemos hacer memoria de
las absurdas situaciones planteadas por las películas y series románticas,
quien no recuerda las humillaciones a las cuales se somete voluntariamente Bridget
Jones para conseguir la atención de su jefe, o lo moderna que se nos presenta a Carrie Bradshaw, la protagonista
de la serie Sexo en Nueva York, cuando su máxima en la vida gira entorno a unos
zapatos caros de tacón y casarse con el
hombre al que ella considera como perfecto, sólo por su miedo atroz a quedarse
sola.
Y qué decir de los folletines románticos que están tan en boga entre el
público femenino, como la joven protagonista de la 50 sombras de Grey que es capaz de someterse a la voluntad sexual de un
hombre, tan sólo por conseguir su supuesto
príncipe azul que sólo la ama si se somete a su voluntad, vendiéndonos que si haces eso, a la larga, el será tuyo, que tu amor lo
redimirá de todo mal, pero mientras, haz
lo que él te ordena, sino te dejará. Si
uno se para a pensar en el mensaje
que nos venden este tipo de libros llega a la conclusión que no es muy
diferente al que plantea el libro “Cásate
y se sumisa” que tantas críticas ha desatado desde su publicación. Pero ¿Quién ese Valentín a quien honramos en esta fecha? Hay dos versiones sobre su leyenda. En la
primera se trata de un sacerdote romano que acompañaba a los cristianos apresados
durante las persecuciones contra los practicantes de esta fe y que habían sido condenados a martirio y
muerte.
La otra versión nos presenta a San Valentín como un sacerdote que contraviniendo la prohibición de
las autoridades romanas que los jóvenes soldados contrajeran matrimonio al considerar
que estos serían mejores combatientes sin tener ningún tipo de atadura
familiar, casaba en secreto a las jóvenes parejas por el rito
cristiano. Cuando fue descubierto, fue sometido a martirio y finalmente
ejecutado.
A pesar que a finales del S.V la Iglesia Católica recogió las leyendas
sobre San Valentín conmemorando su festividad del 14 de febrero, fecha en la
que data su muerte, desde un principio se puso en duda la veracidad de su
existencia. La idea de asociar el amor
romántico con la figura de este heroico y legendario santo fue forjándose durante
la Edad Media siendo la primera referencia a San Valentín como patrón de amor
en el siglo XIV, en el poema del
escritor británico Geoffrey Chaucer “El
parlamento de las aves”. Con el paso de los siglos su historia fue adornándose
con más y más elementos fabulosos que han llegado hasta nuestros días. La poca fiabilidad de su existencia hizo que
en 1969 la Iglesia Católica lo excluyera de su calendario, en un intento de
eliminar del santoral a aquellos santos de origen legendario y fabuloso. La tradición del Día de los enamorados se inició en el S. XIX en los países
de origen anglosajón donde las parejas comenzaron a intercambiarse postales con
mensajes amorosos el día 14 de febrero,
el día de la onomástica de San Valentín. La culpable de la existencia y
popularización de estas infumables tarjetas es Esther Howland una
artista y empresaria de EE.UU que a mediados del S. XIX comenzó a vender en
masa estas tarjetas. Poco después, a la costumbre de regalar este tipo de
postales se la añadiría la de regalar a la pareja otros regalos como rosas,
joyas o bombones.
Esta tradición anglosajona se fue extendiendo por el resto de países durante
el S. XX, jugando un papel muy
importante la publicidad y el comercio que globalizaron la figura de San
Valentín y todo el simbolismo que lo rodea como patrón de los enamorados y de
todos aquellos que pretendían estarlo institucionalizando el día 14 de febrero como
el día del amor comercial por antonomasia incentivando a todo aquel que está
enamorado en demostrar su amor al otro mediante la compra de un regalo. En España esta fiesta comenzó a celebrarse a
mediados del S. XX, con el único objetivo de incentivar la comprar de regalos,
las malas lenguas dicen que esta festividad fue introducida por la cadena de
grandes almacenes Galerías Preciados.
Viendo que todo lo que gira en torno al día de los enamorados únicamente
tiene un carácter consumista y comercial, mejor no demostrar nuestro amor al
ser querido con un regalo absurdo y de dudoso gusto en este día, mejor demostrárselo día a día con gestos,
palabras y acciones que demuestren lo que de verdad sentimos ya que no todo se
compra con dinero, un pequeño gesto en un día cualquiera demuestra más que un
gran regalo que por obligación consumista se ha comprado.
Hoy en día por cinismo entendemos la imprudencia, la desvergüenza o el
descaro en el mentir, el defender actitudes
reprochables o practicar acciones que son condenables. Pero esta palabra no
siempre ha tenido el sentido peyorativo que hoy le damos. En la antigua Grecia
fue una corriente filosófica que nació en la segunda mitad de siglo IV A.D. que rechazaba todo convencionalismo social y la tenencia de riquezas superfluas.
El cinismo más que una filosofía era un modo de vida cuyos pilares eran la igualdad, la libertad y el vivir con lo básico. Los cínicos vivían y actuaban al margen de las normas sociales, renegaban de cualquier tipo de riqueza y reivindicaban la libertad ante cualquier imposición familiar, social o moral. Los cínicos no vivían al margen de la sociedad, sino que estaban en continuo contacto con ella para poder reflejar la hipocresía de las normas sociales que la regulaban. Los cínicos también tenían una forma particular de pensar y expresarse y partir de los dichos y anécdotas que conocemos de éstos, no faltaba la parodia, la sátira o la burla en sus comentarios, siempre expresados de forma escandalosa y provocadora. El fundador del cinismo fue Antístenes, pero su máximo representante fue Diógenes de Sínope que da nombre al síndrome por el cual la persona se recluye social y personalmente acumulando cantidades ingentes de basura. Se dice que Diógenes, como fiel seguidor del cinismo, vivía como un vagabundo en una tinaja teniendo como únicas pertenencias un zurrón y un bastón. Por su modo de vida fue apodado "El perro", pero lejos de molestarse por ello, se sentía orgulloso que lo llamaran así ya que estos animales eran el mejor ejemplo para explicar la esencia del cinismo.
Me pregunto si Dante Alighieri se hubiese inspirado en Beatriz para escribir su Divina Comedia si viviera en nuestros tiempos. Acelerados tiempos estos en los que las relaciones humanas han sufrido una metamorfosis que, realmente no sabemos, si sigue la teoría de la evolución o por el contrario, estamos en plena involución.
Beatriz Portinari ha pasado a ser
eterna gracias a ser la musa o inspiración de Dante. A ella, a lo que inspiró
en el poeta, se deben sus obras más
conocidas, La Divina Comedia y Vida Nuova.
Beatriz representaba para Dante el amor cortés, el amor sublime. Existen muchas referencias
históricas sobre la existencia o no de esta dama. Algunos historiadores narran
un primer encuentro cuando ambos contaban con tan solo nueve años. Estos mismos
dicen que hubo un segundo y último encuentro nueve años después y que esto
bastó para que ella se convirtiera en la musa del escritor. Otros historiadores
confirman estos dos encuentros aunque,
sus familias vivían en la misma callejuela donde hoy se puede visitar la casa
de Dante. En menor cantidad, los hay quienes creen que Beatriz nunca existió,
que fue el resultado recurrente de la inspiración de Dante.
Habiendo ocurrido o no lo que
cada historiador cuenta, no podemos olvidar que estamos ubicando los hechos en
el siglo XIII. Hay referencia de ella hecha por Bocaccio, que la describe como
una gentil dama con facciones tan delicadas como las de un ángel. Conociendo la
literatura de este autor, orientada en
su mayoría hacia la lujuria, es de estimar el respeto que la dama inspiraba en
este para describirla de tal manera. Realmente no se sabe con certeza si la historia que se cuenta de
ella es auténtica pero, de ella se describe un matrimonio y seis hijas.
Cualquiera podría pensar que siendo la moral de las damas tan cuidadosamente
vigilada en aquel tiempo, podría verse afectada al saberse que una señora, de
las principales familias de Floréncia, era la devoción del poeta. Sin embargo,
no fue censurada por los hombres de aquel tiempo que consideraron La Comedia
como una gran obra. Esto ocurrió así,
porque Dante al igual que muchos poetas del Stil Nuovo, sublimaban lo que se
conocía como “El amor cortés.
Dante Alighieri cantó a su musa
como cualquier trovador cantaba las penas del desamor y la ilusión del amor platónico. Entonces, ¿escribiría hoy el poeta sus grandes obras inspirándose en
una musa creada por su inspiración o por el recuerdo de un solo encuentro?
¿Escribiría hoy Dante inspirado por el amor surgido hacia una persona a la que
nunca ha visto, con la que nunca ha hablado, a la que nunca ha escuchado? Tal
vez si. La inspiración no es más que el
resultado de una necesidad de crear, movidos por un sentimiento que, en la
mayoría de los casos, no entendemos.
Dando un paseo por las redes
sociales, nos podemos encontrar con gran cantidad de gente que, manifiesta esa
necesidad escribiendo maravillosos versos o prosa. En muchos casos, y al igual
que Dante, la inspiración es proporcionada por situaciones intangibles y un
tanto etéreas. Las redes sociales han resultado un medio eficaz para volcar esa
inspiración. Para muchos, esto no pasa de ser un romanticismo trasnochado y
pueden llegar hasta a ridiculizar a sus autores. Existe respeto por los versos
escritos por grandes poetas de renombre, se glorifican los versos de los
lejanos trovadores pero, se cree que son letras que no tienen cabida en
nuestros tiempo. Las musas o, si se
prefiere, la inspiración, necesita ser canalizada, con más o menos acierto
pero, se vuelca procurando alivio a su autor en cada verso.
Conocemos los sueños de Dante
y Beatriz será por siempre eterna,
porque la inspiración habitó en el alma de un poeta y él, magistralmente los
narró y los dejó a la humanidad como legado.
Soy
persona muy dada a las frases positivas, de autoayuda, motivación y demás…. básicamente
porque yo positiva, cero patatero y me sirven de pequeño empujoncito para ver
las cosas con un tono más llevadero que el triste negro de siempre. Pero claro que hay días que ni el mismísimo
Buda rodeado de toda la paz y el amor del mundo lo arreglan.
"Be water my friend" o en españolito
"sé agua amigo mío" ¿Agua? Pues esta frase leída el día que te han
devuelto el recibo como poco te dan ganas de estrangular a alguien ¿Cómo voy a
ser agua si como me descuide me la cortan?
"Si la vida te da
limones hazte una limonada"… limonada…
ya... ¿lleva agua? Pues no hay limonada, cojo los limones y se los estrello a
quien se tercie...
"No hay mayor
desprecio que el no hacer aprecio" ¿perdona? Y, esto lo leí por ahí, y lo a gusto que te
quedas mandando al cuerno al sujeto en cuestión.. Que sabio Fernando Fernán Gómez con su "a la
mieeeeeerda" lo que disfrutaría el hombre…
"No tengo tiempo de
odiar a los que me odian, estoy muy ocupada amando a los que me aman” esta es buenísima, que no tengo
tiempo dice... Si no lo tengo lo busco, que hay días que odio a gente que ni
conozco, así, sin miramientos.
O
la de "Cuando una puerta se cierra
se abre una ventana", pues hay momentos que ni puertas ni ventanas, ni un triste
agujerillo por donde entre la luz (que no descarto que me devuelvan el recibo
también). Así que como comprenderéis,
hay veces que las buenas intenciones, las actitudes positivas sencillamente no
valen para nada.
“Vacía
tu mente, se amorfo, moldeable, como el agua. Si pones agua en una taza, se
convierte en la taza, si pones agua en una botella se convierte en la botella,
si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o
puede aplastar. Se cómo el agua. Amigo mío, el agua que corre nunca se estanca,
así es que hay que seguir fluyendo”.
La palabra amistad la podemos definir como el afecto personal, puro y desinteresado que tenemos por otra persona y esta misma persona hacía nosotros y que nace y se fortalece con el trato. A partir de esta definición podemos clasificar a la gente de nuestro entorno, tal y como lo hacía el escritor catalán Josep Pla, entre amigos, conocidos y saludados.
Esta clasificación es de lo más acertada ya que
en muchas ocasiones utilizamos la palabra amistad de una forma mal entendida englobando en ella a todo tipo de relaciones. Incluimos a
aquellos con los que vamos a tomar unas copas y poco más, aquellos con los que
solemos charlar pero cuyas conversaciones son banales y superfluas, y a unos
pocos, en realidad, muy poquitos, a los cuales si podemos darles el apelativo
de amigos. Son aquellos que, pase lo que pase, el tiempo que pase, y como pase,
siempre los tendremos ahí. Son aquellos que no desaparecen en las situaciones
difíciles de nuestra vida, y que ante
éstas, no se escabullen o diluyen como el agua, y que nos brindan su ayuda y no
una palmadita en la espalda con la típica frase de "todo saldrá bien” mientras
cogen la chaqueta para salir corriendo por la puerta antes que les puedas pedir
algún tipo de favor o ayuda. Esos son
los verdaderos amigos, y es en situaciones complicadas, difíciles, y en ocasiones,
traumáticas, cuando descubres a quien puedes llamar amigo. Y es en estas circunstancias, cuando te puedes llevar una grata
sorpresa al descubrir que alguno de los que considerabas como conocido o
saludado está a tu lado, sin esperar
nada, sin exigir nada a cambio.
Es curioso pero podemos tener muchos, muchísimos más conocidos que amigos,
incluso solemos verlos con más frecuencia. Quedamos con ellos para alternar, para
pasar nuestros ratos de ocio, pero a los cuales rara vez les confiaríamos algo
más que un chisme o chascarrillo de bar,
pero a pesar de ello les denominamos
amigos.
Y luego está el resto, aquellos a los que les dedicamos un “hola”, un
“adiós”, un “buenos días”, un “hasta luego”… que les conocemos de algo, pero nunca recordamos el qué, el cuándo, el dónde, el cómo ni el porqué.
En conclusión, amigos tenemos pocos,
conocidos muchos y saludados muchos más y siempre puede pasar, que la falta de tiempo
que siempre alegamos pero que mal gastamos en las más variopintas absurdeces,
el desidia, la falta de voluntad y un orgullo mal entendido hace que un amigo pase
a ser un conocido y de allí... a un simple saludado.
Siempre que se habla de los DDHH se suele pensar en
aquellas dictaduras o países subdesarrollados donde sus gentes malviven en
condiciones infrahumanas. Efectivamente,
esa nefasta realidad que ensucia la dignidad de la raza humana existe
pero, ¿Y nosotros?
Como ciudadanos del
mal llamado “primer mundo” hemos aceptado hasta ahora la creencia de que cualquier
ley aceptada por nuestros supuestos gobiernos democráticos han respetado siempre los Derechos Humanos. La
comparación, que se suele usar cuando no se tienen argumentos, no suele admitir
discusión o espacio a la legítima queja y es de esa manera, por la que solemos
aceptar con resignación los dogmas que
nos vienen impuestos por determinadas élites. Sin embargo, un simple repaso por
la Declaración Universal de los Derechos
Humanos a la que nuestra Constitución está sujeta, nos servirá para darnos
cuenta de que la batalla por la libertad, la justicia y la paz queda aún lejos
de ser ganada y que, sólo a través del ejemplo de los que NO estamos movidos
aún por el hambre, podremos alcanzar tan necesaria utopía. Pero sólo a través de
una mirada librepensadora que no se deje nublar por el miedo, la necesidad o las mentiras
infundidas, seremos capaces de observar como nuestros derechos son
ultrajados diariamente. De esa manera,
podremos ver por ejemplo como nuestra Constitución permite que el Rey, sin haber sido elegido democráticamente, es
inviolable ante la ley y no está sujeto a responsabilidad alguna. ¿Acaso no
todos los seres humanos nacemos libres e
iguales ante la ley? (Art. 1 y 7).
Nos creemos hombres y mujeres
libres y sin embargo vemos a diario como una nueva religión llamada economía de
mercado nos convierte en esclavos en
tanto y cuanto somos NO somos libres de elegir nuestra manera de vivir en pro
de la competitividad y el crecimiento constante (Art. 4). Se nos dice que toda
persona tiene derecho a la libertad de
pensamiento, de conciencia y de religión y entonces, ¿Por qué me veo
obligado con mis impuestos a subvencionar a la Iglesia Católica? (Art. 18).
Construimos con esfuerzo una Sanidad Universal, ejemplo en el mundo entero de
solidaridad y respeto a todos los seres humanos y deciden ahora,excusándose en
los datos económicos, que existen personas que no tienen derecho a ser curadas
por ser inmigrantes (Art. 22). Aceptamos que todas las personas tienen derecho a la
igualdad en el trabajo sin discriminación alguna, pero vemos que estos mismos
inmigrantes o las mujeres siguen cobrando
menos por el mismo esfuerzo (Art. 23). Por si fuera poco, con la aplicación de
la nueva ley de seguridad ciudadana, si decidimos manifestarnos ante tales
injusticias seremos multados sin juicio previo,
con tal de coartarnuestro legítimo derecho de protesta. Además, como si de una
macabra tragicomedia se tratara, los ciudadanos españoles deberemos a partir de
ahora ser autorizados para manifestarnos
pacíficamente. (Art. 11 y20). Y como esclavos voluntarios,
vemos que tales acciones son justificadas en muchos casos por nosotros mismos gracias
a nuestro derecho a votar un programa electoral cada cuatro años, programa que
podrá o no ser cumplido según el criterio o “deber moral” de los que nos gobiernan
y bajo una ley electoral que prima al
bipartidismo y censura el derecho legítimo a que los votos de los partidos
políticos minoritarios valgan lo mismo (Art. 21). ¿Qué podemos hacer ante tales
injusticias? Podemos seguir compadeciéndonos de vivir inmersos en una crisis que
unos pocos propiciaron en su propio beneficio y resignarnos o, por el
contrario, podemos sumarnos a la rebeldía
y decir que NO aceptamos este sistema económico injusto. ¿Acaso el
sistema actualnos garantiza el derecho a un nivel de vida adecuado que nos
asegure, así como a nuestra familia, la salud y el bienestar, y en especial la
alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica o los servicios
sociales necesarios? Quizá nosotros no lo veamos, muchos moriremos antes, pero
utilicemos el tiempo que se nos ha dado en esta vida para hacer de éste un mundo
mejor. Hoy más que nunca: ¡Luchemos por nuestros derechos!
"Los derechos humanos son sus
derechos. Tómenlos. Defiéndanlos. Promuévanlos. Entiéndanlos e insistan en
ellos. Nútranlos y enriquézcanlos. . . Son lo mejor de nosotros. Denles vida".
En estos últimos días ha tenido
mucha resonancia mediática, tanto en los medios convencionales como en los
online, la noticia de la edición libro
“Cásate y sé sumisa” por parte de la editorial Nuevo Mundo que depende del
Arzobispado de Granada. Con este título uno puede ya imaginarse de que va el
libro pero si se acude a la web de la editorial
(http://www.nuevoinicio.es/libros/casate-y-se-sumisa/)
textualmente puede leerse “ahora es el
momento de aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión. Y, entre
nosotras, podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más sólido y y
resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo”. La autora del libro, Constanza Miriano, un
éxito de ventas en su país, se inspira para redactarlo en una frase de San
Pablo a los Efesios que lo resume todo
“esposas, estad sujetas a vuestros maridos” . El Arzobispado de Granada, a pesar de las
muchas críticas recibidas por la edición de este libro, no sólo no lo retira sino que no ve razones para ello ya que según
este mismo Arzobispado el libro resulta "muy interesante desde el punto de
vista cristiano". Además este libro inaugura la colección “Quotidiana”
de la mencionada editorial que según una nota del propio Arzobispado tratará sobre la vida experimentada a través de los ojos de la
mujer, desde la fe cristiana, en el matrimonio, los hijos, la educación, y la
vida social.
Este tipo de argumentos y de
literatura hoy en día nos hace poner el grito en el cielo, lamentarlos con indignación y protestar por las palabras y los actos que pretenden someter a la
mujer a la voluntad del marido. Pero no hace tanto tiempo que las mujeres
españolas casadas eran consideradas como menores de edad y así lo recogía el mismo
Código Civil en su artículo 1.263. Hasta 1975, los actos de transcendencia
legal, laboral y muchos de la vida cotidiana de la mujeres casadas necesitaban
la licencia marital. Tenían una capacidad de obrar muy limitada, estaban
obligadas a obedecer a su marido y a residir en el mismo lugar donde él lo
hacía, además de necesitar su autorización o consentimiento para realizar
múltiples actividades como obtener el permiso de conducir o el pasaporte, tener
una cuenta corriente a su nombre, aceptar una herencia aunque fuese de su
propia familia, trabajar, ocupar cargos públicos o ejercer el comercio. Tampoco
podía vender ni hipotecar sus propios bienes, ni disponer de los de origen ganancial, aunque
procedieran de su salario, tan sólo podía disponer de ellos para la compra
diaria. Y lo que era más grave, no podían tener la patria potestad de sus hijos hasta la muerte del padre, el
cual podía darlos en adopción sin su permiso. Estas restricciones no desaparecieron hasta la
reforma del Código Civil del 2 de mayo de 1975. Era tal el sometimiento de la
mujer casada al marido que hasta el 26
de mayo de 1978 el adulterio era
considerado delito, al igual que el convivir maritalmente con una persona sin
estar casados. No fue hasta la
promulgación de la Constitución Española de 1978 que la igualdad legal entre los sexos se hizo efectiva.
Apesar que la Constitución
establecía la igualdad entre los sexo, la libertad de acción y decisión de la
mujer no fue efectiva hasta mediados de los ochenta con la aprobación en 1981 de
la Ley del divorcio o le ley del aborto
de 1985. Es más, el estigma y la supuesta
vergüenza de ser madre soltera también pasaba a los hijos ya que no fue hasta 1985,
con otra reforma del Código Civil, cuando se equiparó los derechos de
todos los hijos, tantos los concebidos dentro
del matrimonio como los de fuera de él, eliminándose el concepto de hijo ilegítimo, bonito eufemismo
para no llamarlos bastardos.
Tampoco nos debe llamar tanto la atención
el papel que quiere adjudicar a la mujer casada el sector más reaccionario de
la Iglesia Católica teniendo presente que durante 40 años el libro de cabeza para
muchas mujeres casadas fue el Manual de la esposa perfecta que era entregado a
todas las mujeres que hacían el Servicio Social en la sección femenina de la
Falange. En él se plasmaban normas que toda mujer casada tenía que cumplir que
iban desde las tareas domésticas hasta las relaciones sexuales y siendo el
sometimiento de la mujer a la voluntad del marido la nota imperante, llegando a
establecer la obligatoriedad de mantener relaciones sexuales a petición del
marido, cualquiera que fuese la práctica solicitada, siendo el lema “sé
obediente y no te quejes”. En 1953 se resumió
dicho manual en la “Guía de la Buena Esposa” que contenía once reglas para
mantener la marido feliz.
Viendo todo esto, me parece
paradójico, perplejo e incomprensible que muchos, y sobretodo muchas mujeres, digan
que los tiempos pasados siempre fueron
mejores. Me asquea el hecho de ver, leer u oír tanto en las redes sociales, en
determinados medios de comunicación o en las conversaciones entre las personas
las insinuaciones o las menciones explícitas que en los tiempo de la dictadura
todos vivíamos mejor, siendo la situación de la mujer un epígrafe más en la inexistencia de libertad y derechos para
todo ciudadano, existiendo una opresión y persecución de todos y cada uno de
aquellos que pedían aires de libertad. Muchos de ellos pagaron con la cárcel e
incluso con su propia vida aquello que
hoy algunos llegan a despreciar, los derechos y libertades fundamentales que
toda persona tiene derecho de disponer y disfrutar.
Sé que cuando me miras lo haces con desprecio. No disimules,
soy capaz de sentirlo desde la distancia y sin necesidad de mirarte a los ojos,
estoy acostumbrado. Desde que llegué sólo he sentido el rechazo de la gente así
que no te escondas detrás de los susurros o las miradas esquivas, los dos
sabemos que tú te crees superior a mí. Quizá sea porque piensas que no tengo
espacio para sentir, que mi única aspiración es sobrevivir un día más en esta
jungla de asfalto y cemento. Lo que no sabes es que cuando veo cómo le compras
a tu hijo ese helado que tiene ahora en las manos, me estás ayudando a recordar
la verdadera razón por la que crucé el desierto hasta poder llegar aquí. Yo
para ti sólo soy un negro que vende cd-s, un alma errante que pasa el día
desgastando la suela de sus únicos zapatos. En cambio, tú para mi eres un medio
para conseguir dar a mi familia lo que a ti te ha caído del cielo. Es por eso
por lo que seguiré soportando tus bromas, tu mezquindad, mientras recojo mis
bultos y me voy calle abajo.
-¡Te he dicho que no quiero nada! –me gritas sin apenas
darme tiempo a preguntarte. No es la primera vez que lo hacen.
-No pasa nada amigo.
-Lárgate ya de una vez y no seas tan pesado.
La gente de alrededor nos mira un tanto asombrada pero nadie
dice nada, haciéndose cómplice con su silencio. Está bien, dejaré que te
sientas vencedor viendo cómo te sumerges en tu propia agonía interior mientras
yo sigo dándole un sentido a mi vida, aunque me haya tocado vivirla de esta
manera.
El pasado día 2 de septiembre, el
ministro de justicia, Alberto Ruiz-Gallardón,
confirmó en una entrevista que el próximo mes de octubre se aprobaría la nueva
Ley del Aborto que no sólo dejar sin efectividad la actual ley de plazos,
sino que incluso tiene previsto eliminar dos supuestos permitidos por la Ley
del Aborto de 1985, el aborto por grave
peligro psíquico para la embarazada y, dentro de los supuesto de malformación del feto, se excluye
los supuestos de discapacidad. Esta
nueva ley, básicamente supone un retroceso de más de 30 años al pretender
penalizar algunos de los supuestos permitidos por la Ley de 1985 y endurecer
los requisitos para el acceso a los supuestos no tipificados como delito. Si
uno lee la reforma planteada por el actual gobierno, tiene la sensación que se
creen que las mujeres que toman esta decisión tan dura lo hacen de la misma
manera como eligen un vestido para ir a una fiesta, sin parar a pensar que en
la mayoría de los casos se trata de una
decisión difícil y traumática. No se trata de entrar en la discusión ética,
moral o filosófica de cuál es la opción correcta o la más acertada ya que eso pertenece a la conciencia
de cada persona, y toda
opinión al respecto se debe
respetar, sólo se debe decir que nadie
debería ser señalado con el dedo ni castigado
por la decisión, fuese cual fuese,
libremente tomada sobre este tema.
Es sumamente paradójico que se
pretenda protegen la vida excluyendo de los supuestos permitidos del aborto los
casos en que el feto presente algún tipo
de discapacidad, cuando en los años 2011 y 2012,
este mismo gobierno endureció las
condiciones de acceso a la ayudas de la
Ley de Dependencia, además de eliminar la cotización a la seguridad social de
los cuidadores no profesionales de la personas dependientes y recortar en un 15
% las ayudas concedidas por dicha ley.
Esto ha hecho que cientos de miles de personas a las cuales se les concede un
grado moderado de dependencia no puedan acceder a ningún tipo de ayuda hasta el año 2015, o incluso,
casos de personas que teniendo reconocido un grado dependencia severo o una
gran dependencia, han pasado a un grado moderado, viendo cómo se esfumaban las
ayudas que les permitían a ellos y a sus
cuidadores tener derecho a una vida
mucho más digna.
Para excluir el derecho al aborto
en los casos en que el feto presente algún tipo de discapacidad, se
alega el derecho a la vida y a la igualdad de oportunidades, pero ¿Qué
vida? Por un lado se la dan, pero por otro se la quitan. Se la quitan cuando
recortan una y otra vez las ayudas económicas aprobadas por la Ley de
Dependencia de 2006, ayudas que sirven para sufragar los altos costes en
farmacia, manutención, ayudas técnicas para la autonomía de los dependientes,
salarios para los cuidadores, transportes…. y así se podría seguir con una larga e
interminable lista. Es muy hipócrita pretender proteger el derecho a la vida de
un nonato y cuando esté nace condenarlo en vida, no sólo a ellos, sino también a sus futuros cuidadores, a sus familias, a los que
sufrirán y padecerán, pero a la vez, reían, amarán y disfrutarán con ellos. Se
les condenará a llevar una vida menos digna, en peores condiciones, con mucha menos autonomía personal, elemento básico para su
desarrollo vital, y sobre todo personal.
Este es el concepto de caridad y
ayuda al prójimo que nos vende nuestro gobierno, como el que teníamos
antaño, donde se le daba una limosna al
pobre a la puerta de la iglesia para nunca más preocuparnos por él. Ahora se
les llenará la boca con la protección al derecho a la vida, a la igualdad de
oportunidades entre las personas, pero ¿Que les dirán luego a las familias que
tenga un niño con discapacidad cuando los mismo que les dieron la vida luego
les denieguen su petición de ayudas para que estos niños tenga una vida mejor,
una vida más digna? ¿Cómo les podrán mirar a la cara cuando a estos mismos
jóvenes con discapacidad se les diga que no pueden volver a su trabajo ya que
se han suprimido todas las subvenciones que lo hacían posible, sin tener otra
alternativa de acceso al mercado laboral? ¿Qué les dirán a los niños y sus
familias cuando no puedan acceder los centros especiales de enseñanza al ser cerrados por falta de medios económicos
para su mantenimiento? ¿Y cuando acudan a sus médicos especialistas para
solicitar algún tipo de ayuda protésica para su movilidad y descubran que ha
sido excluida de la cartera de servicios comunes de prestación del Sistema
Nacional de Salud, al igual que algunos de los medicamentos que les hacían tener
una mejor calidad de vida? Les dirán que
ellos les dan la vida, pero a la vez también se la quitan.
La Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la
Autonomía Personal y Atención a las
Personas en Situación de Dependencia, más conocida como Ley de Dependencia, entró en vigor el 1 de enero de 2007 y tenía
como claro objetivo convertirse en uno de los pilares de nuestro estado de bienestar.
Es por ello, que durante los años 2008, 2009 y 2010 se fue incrementando paulatinamente su partida en
los presupuesto generales del Estado haciendo que cientos de miles de dependientes
reconocidos percibieran una ayuda en
forma de pago mensual o de acceso a cuidados profesionales, además de reconocer
el trabajo realizado por los cuidadores
no profesionales, en la mayoría de los casos, miembros de la propia familia, al
empezar a cotizar en la seguridad social por el trabajo realizado.
En noviembre de 2011, durante el primer Consejo de Ministros
del nuevo gobierno surgido de las urnas, se aprueba el primer gran recorte a la partida
presupuestaria destinada a la Ley de la Dependencia. Pero no es hasta la aprobación del Real
Decreto Ley 20/2012, de 13 de julio, de medidas para garantizar la estabilidad
presupuestaria y de fomento de la competitividad, cuando se sentencia casi a
muerte a la Ley de Dependencia ya que de un plumazo se elimina la cotización social a
los cuidadores no profesionales y se recorta
en un 15 % las ayudas económicas y
en un 13 % la aportación del Estado a la
comunidades para sufragar el pago de dichas prestaciones.
Estos cambios legislativos con sus sucesivos recortes en las
ayudas han hecho que la vida de ciento
de miles de dependientes y de sus familias hayan sufrido un cambio radical ya
que la casi supresión de dichas prestaciones ha hecho que no puedan hacer
frente a los innumerables y costosos gastos económicos que supone para las
personas dependientes y su familias el intentar tener una vida lo más digna
posible.
2. La díficil situación de las familias con menores dependientes a su cargo a causa de los recortes del actual gobierno a las ayudas aprobadas por la Ley de Dependencia
"¿Llegar a fin de mes? Un milagro": Una familia con un niño enfermo crónico describe el efecto del recorte en dependencia en un colectivo muy castigado
Las trampas del lenguaje “políticamente correcto”, de la
hipocresía que alimenta y de lo poco que cambia las mentalidades y los
comportamientos respecto al problema que pretende resolver.
Lo políticamente correcto es un eufemismo traducido del inglés y poco o nada tiene que ver con la política y mucho con la hipocresía social. Hay una serie de expresiones políticamente incorrectas para las que se buscan sustitutos moralmente aceptables. El problema es que con el paso del tiempo los antiguos eufemismos se acaban convirtiendo en palabras ofensivas, que necesitan de un eufemismo todavía mayor. De coja a invalido... disminuido... impedido.... hasta llegar a discapacitado ¿cúal será la próxima?
El quedar bien, es una tendencia
de la doctrina social postmoderna que consiste en evitar caer en
descalificaciones para no ofender a minorías, medianías y mayorías sociales,
esto estaría bien si no fueran en realidad meros formalismos de cara a la
galería, lo malo no son las palabras, no está mal llamarle cojo al que lo es,
lo malo es seguir sentado en el asiento del autobús mientras el cojo las pasar
canutas en medio de un autobús lleno de gente.
Para poder mantenerse dentro de
lo políticamente correcto es necesario tener mente de censor, no se puede dejar
pasar una palabra sin riesgo de que esta repercuta en nuestra corrección y nos
haga quedar como unos impresentables o cabrones con pintas.
La diferencia entre la buena
educación simple y llana y el lenguaje políticamente correcto es debido a que
el que utiliza el eufemismo trabajadora sexual, le faltan cojones para llamar
puta a una mujer que cobra por follar y aquí es donde aparece la madre de todas
las hipocresías porque una palabra se utiliza de puertas para afuera y la otra
de puertas para adentro, pues mira tú donde está la gracia si por delante le
dicen señorita y por detrás puta, lo de siempre vamos.
En definitiva, resulta repateante tanta
hipocresía, tan moralina, tanto aparentar, y tanta mierda debajo de las alfombras, tanto miedo a decir o a llamar a las cosas por su nombre como llamar a la
impotencia disfunción eréctil, a la pornografía, películas para
adultos y a los pobres, personas en riesgo de exclusión social.
Autor: Pepp
"La distinción primordial en un diplomático es que puede decir no de tal forma que suena que sí"
Tal vez el lector espere encontrar en esta
entrada algún comentario sobre la novela o la película que llevan este título.
Aunque esta sería una buena razón de lectura para los cinéfilos, no es la
orientación que quiero dar a mis reflexiones.
La expresión Hoguera de las
Vanidades viene de la Florencia del siglo XV. Existía por aquella época un
monje dominico de nombre Girolano Savonarola, quien llegó a ser el confesor de
Lorenzo de Medici “El Magnífico”. A medida que este monje fue ganando adeptos a
sus sermones, estos fueron haciéndose más incendiarios; criticando el lujo, la
corrupción, la riqueza y la vida superficial que se vivía en aquella Florencia.
Sus críticas, por ende, alcanzaron a los Medici. Sus seguidores, animados por
el monje, comenzaron a realizar las conocidas hogueras de vanidades, donde se
arrojaban al fuego toda clase de objetos que significaran opulencia. Trajes
lujosos, joyas, libros y obras de arte, todo lo que consideraban parte y
alimento de la vanidad.
Hubo una gran hoguera que fue la más famosa de
todas, se realizó en la Piazza della Signoria. El resplandor de esta hoguera se
pudo ver desde cualquier punto de Florencia; en ella ardieron cantidades
inmensas de objetos recolectados por la muchedumbre que le seguía. Se dice que,
el propio Boticelli lanzó al fuego obras propias. No olvidemos que ese era el
momento de mayor esplendor artístico de aquella ciudad y del renacimiento. Aquella
fue la gran “Hoguera de las Vanidades”.
Las hogueras consumieron
cantidades ingentes de maravillas en libros y arte. Lo que no consiguieron
consumir fue la vanidad misma. Savonarola y su propia vanidad hicieron que no
hubiese medida en sus ataques y provocaciones, se sentía idolatrado por las
masas de la ciudad y, curiosamente, a pesar de haber influido en la quema de
libros muy valiosos, escribió su propio libro, el cual fue incluido en los
libros prohibidos por la iglesia. Tampoco la vanidad de los florentinos se
quemó en las hogueras; pronto todo lo quemado era sustituido y hasta superado en opulencia. El
monje fue excomulgado por el papa, juzgado y quemado en el mismo lugar donde se
produjo la gran hoguera.
Han pasado más de cinco siglos
desde la gran hoguera. La vanidad sigue intacta. El discurso de Savonarola, si
le extraemos toda la carga de fanatismo, no deja de hacernos reflexionar. La
vanidad no tiene época, es parte del ser humano. ¿Hay alguien exento de ella?
Definitivamente, no. Haciendo una simple panorámica de la situación en la que
se encuentra inmersa nuestra sociedad, tenemos que concluir que ese innato
pecado , nos ha traído a la ruina económica y social. El deseo de acumulación
de pertenencias, la competencia por ver quién logra almacenar más, nos ha
emboscado. La corrupción, el engaño y el fanatismo por ídolos de barro, ha
actuado como el monje, que logró embaucar a un pueblo para beneficio de su
propia vanidad. La arrogancia, el envanecimiento, el deseo de ser admirado y
envidiado, aún por encima del propio concepto que tenemos de nosotros mismos,
nos ha hecho mirar para otro lado y no ver que nos estaban llevando hasta el
precipicio. Quienes nos gobiernan han demostrado que sus actuaciones frías y
calculadas no eran otra cosa que el fin lucrativo. Nos han arrastrado a aceptar
vivir con lo mínimo, haciendo que se cuele el temor en nuestras mentes para
poder controlar las masas. Se han convertido en críticos de conductas que ellos
han almacenado para ellos mismos, con el fin de lograr huestes que les
endiosen. Pero como Savonarola, no han podido con su vanidad; una vez
conseguido el objetivo, ella misma, les ha desnudado.
Uno se da una vuelta por la redes sociales y se da cuenta de lo falsos e hipócritas
que podemos llegar a ser todos, digo todos, porque alguna vez todos hemos jugado a ese juego tan de moda entre los usuarios
de las redes, la falsedad, donde decimos aquello que quiere oír el otro
mientras nos guardamos para nosotros
aquello que realmente pensamos. Jugamos al juego de las falsas verdades
y las mentiras hechas verdad. Jugamos a
aquello que decir yo te veo igual que siempre cuando una persona haya engordado
considerablemente, que seáis felices
cuando lo que piensas es que te sea leve con ese energúmeno, yo te quiero mucho
pero lo que realmente quiero es que no volver a verte el careto.
Es divertido ver como personas que uno sabe a ciencia cierta que se han
dicho de todo a espaldas de cada uno de ellos se profesan un profundo y
verdadero amor fraterno. Como algunos con los cuales hace siglos que no
mantienes contacto alguno, de forma insistente quieren ser tu amigo virtual. Te
llegan frases llenas de amor, amistad y cariño de personas que poco o nada nos
importan. Como unos y otros venden una
falsa amistad de cara a la galería cuando en realidad hace semanas no saben nada
el uno del otro. Esos falsos te quiero, esos aparentes besos y abrazos que constantemente nos mandamos llenos
de vacío y carentes de sentimientos.
En muchas ocasiones lo mejor en mantener
un hablador silencio ante estas falsas exaltaciones de amistad aunque se
debe reconocer que puede llegar a ser divertido participar en este tipo de
actuaciones para saber hasta dónde pueden llegar nuestros niveles de falsedad,
hipocresía y cinismo.
Aunque ahora tampoco se trata de escupirnos la verdad a la cara los unos a
los otros, ya que aquellos que se venden
ante todo como sincero, lo hacen envueltos en una falacia. Cuando una persona dice ser muy sincera, lo
que verdaderamente quiere decir es que ella puede decirnos todo lo malo que ve
en nosotros sin poder enfadarnos pero no oses decirle lo mismo ya que nos
tendremos que atener a sus funestas
consecuencias. Yo siempre bonito y hermoso, tu feo y carente de importancia.
De lo que verdaderamente se trata es de relacionarnos con los demás con la
mayor naturalidad posible, sin esconder ni falsear, en la medida de lo posible,
lo que verdaderamente pensamos. Uno puede tener una relación de cordialidad con
otra persona que no sea de nuestro agrado sin necesidad de llegar esa falsa exaltación de la amistad verdadera.
Uno puede mantenerse en silencio ante estos inexistentes sentimientos que
parecen unir a dos personas cuando en realidad nada o poco saben el uno del
otro. Uno puede evitar este tipo de actuaciones pero en verdad cuan divertido es
participar en el juego de la falsa verdad y la mentira hecha realidad.
"Amistad nunca mudable por el tiempo o la distancia, no sujeta a la inconstancia del capricho o del azar, sino afecto siempre lleno de tiernísimo cariño, tan puro como el de un niño, tan inmenso como el mar".
José Zorrilla
Esta ciudad
es de mentira
No puede ser.
Esta ciudad es de
mentira.
No puede ser que
las palmeras se doblen
a acariciar la
crin de los caballos
y los ojos de las
putas sean tiernos
como los de una
Venus de Lucas Cranach
no puede ser que
el viento levante las polleras
y que todas las
piernas sean lindas
y que los
consejales vayan en bicicleta
del otoño al
verano y viceversa.
No puede ser.
Esta ciudad es de
mentira.
No puede ser que
nadie sienta rubor de mi pereza
y los suspiros me
entusiasmen tanto como los hurras