Qué iba a ser de él. Era la
pregunta que una y otra vez le martillaba las sienes. Miraba alrededor y en el
semblante del maestro, por momentos, creía adivinar la respuesta. Miedo, no
sabía qué sucedería, pero todos tenían miedo. Los banderilleros hacía ya un
rato que habían dejado de hablar entre ellos. El silencio era lo único que se
podía oír en aquel cuartucho. Sus pensamientos empezaron a confundirse y sus
ojos a cerrarse.
Dormido sentía como su cara latía
empapada en sudor...