
En 1964, Nelson Mandela ingresa en la prisión de Robben Island como el preso número 466/64. En ese pequeño islote situado en la costa sudafricana permaneció 18 de los 27 años en qué estuvo encarcelado, viviendo en condiciones muy precarias. Pero estas circunstancias no le hicieron desfallecer en su lucha, sino todo lo contrario. La estancia en Robben Island significó para Nelson Mandela un período de estudio, aprendizaje y reflexión llegando a la conclusión que Sudáfrica no sería Sudáfrica sin los Afrikáners, entendiendo que éstos también formaban parte del país y que eran imprescindibles para su futuro, creyendo en la reconciliación de ambos pueblos. Durante su encarcelamiento, Mandela se convirtió en un símbolo internacional en la lucha contra el apartheid.
El gobierno sudafricano siempre
hizo caso omiso a las peticiones nacionales e internacionales para su liberación. No fue
hasta el 11 febrero de 1990, y por temor
a un conflicto armado en el país, cuando Nelson Mandela fue liberado. Tras su liberación, Mandela
trabajó junto con el presidente de Sudáfrica, Frederik Willem de Klerk, con el
objetivo de conseguir una democracia multirracial en el país. Por este hecho, ambos recibieron el Premio Nobel de la paz en 1993. Las primeras elección
democráticas en Sudáfrica por sufragio universal se celebración el 27 de febrero de 1994, proclamándose Nelson Mandela
presidente del país, cargo que ostentó hasta 1999, siendo siempre su principal
prioridad la reconciliación nacional.

Durante su estancia en prisión
Nelson Mandela tuvo escrito en una hoja de papel el poema Invictus del escrito inglés William Ernest
Henley (1849-1903), escrito en 1875 y publicado por primera vez en 1988. Este poema le ayudó a sobrellevar sus 27 años de
encarcelamiento y no desfallecer nunca en su lucha.
Autor: Carmen @Persefone123
Autor: Carmen @Persefone123
INVICTUS
Más allá de la noche que me
envuelve
negra como el abismo insondable,
agradezco al dios que fuere,
por mi alma inconquistable.
En las garras de la circunstancia
no me he estremecido ni he
llorado.
Bajo los golpes del azar
mi cabeza sangra, pero está erguida.
Más allá de este lugar de ira y
lágrimas
yace el horror de la sombra,
sin embargo la amenaza de los
años
me halla y me hallará sin temor.
No importa cuán estrecho sea el
camino,
ni cuán cargada de castigos la
sentencia,
Soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.
William Ernest Henley
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